Review
Grizzly Man
- Director
- Werner Herzog
- Year
- 2005
- Rating

- Reviewed by
- Yehosafat a.k.a. Yosio
- Review date
- Monday, December 20, 2010
El alemán Werner Herzog no es nuevo en eso de los reportajes. Una de las primeras impresiones que me dio Grizzly Man fue que estaba viendo un trabajo, digamos, monótono. Lo confieso: pensé que el director me aburriría con el tema y su tratamiento, demasiado complaciente, demasiado trágico. Me equivoqué. Viva Herzog.
Timothy Treadwell era un norteamericano con iniciativa. Su “ímpetu salvaje” lo llevó hasta los confines del continente, en Alaska, donde se apasionó con los osos pardos —osos grizzli—. Con el paso de los años fue adquiriendo notoriedad, debido principalmente a sus prolongadas y riesgosas estancias entre esos animales. Al treceavo verano de filmarlos, fue devorado junto con su novia por uno de ellos.
La historia parece típica, rentable: Un hombre con convicción ecológica y visión altruista, cuya vida es interrumpida trágicamente por los mismos que intentaba proteger.
Cientos de horas de la grabación de Treadwell fueron recopilados por Werner Herzog, quien narra sus impresiones sobre el peculiar personaje. Familiares, amigos y conocidos desfilan frente al lente, dejando constancia de las muchas virtudes del que se fue. Consideran al joven no menos que un héroe, un mártir. Entre líneas, eso sí, comienzan poco a poco a revelar sus viejos problemas de drogas, aparentemente solucionados con los viajes, y de carácter, que serían provocados por el aislamiento.
Treadwell, en sus grabaciones, se empeña en lucir amigable y proclamar su amor por los osos. Aun con eso, luce voluble, frágil y solitario. Muy solitario.
La obra crece en ritmo, se enriquece, evoluciona de manera inteligente. El personaje principal, en un principio débil y amante de la naturaleza, termina mostrando arrogancia, soberbia e, incluso, claros signos de inestabilidad mental. Por cada minuto de inusitada magia creada por los animalitos, hay otro de histeria y pasión desbordada.
Herzog acierta al incluir entrevistas con gente cercana al caso, quienes no lucen tan contentos por lo sucedido. Profesionales coinciden en el peligro que corría el occiso, y critican la falta de atención a las recomendaciones básicas de supervivencia, especialmente frente a osos. Uno de ellos no deja lugar a dudas, pues opina simplemente que se lo merecía. Además, destacan la desgracia de la muerte de la novia, quien estuvo en el peor lugar en el peor momento.
El documental está lleno de lugares mágicos, como cada que nuestro personaje tiene suerte y captura hermosas escenas de osos, incluso una extraordinaria que involucra a un zorro. Segundo, la inocencia de lo filmado, al grado de que Treadwell llega a repetir tantas veces una toma, ya sea para usar diferentes tonos o vestuario. Y por último, la transformación del joven con sueños en un monstruo ególatra frente a la cámara; “el actor en su película ha superado al director”, apunta atinadamente Herzog.
Richard Thompson, veterano artista folk, es el encargado de musicalizar el drama. Lo hace bien, al incorporar guitarras con ritmo rural, serio, añejo. Su canción “Coyotes” se escucha al final de la película y creo que sigue en mi mente; sí, aún la estoy cantando.
Al final, creo que me quedo con el mensaje de Herzog, racional, sabio, sencillo: La belleza no se encuentra en la tragedia, pues ésta es eso, sólo tragedia.
Nada más espero haber entendido bien.
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