Review
True Grit
- Director
- Ethan Coen
- Joel Coen
- Year
- 2010
- Rating

- Reviewed by
- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Review date
- Friday, February 11, 2011
Más de 40 años después, vuelve Temple de acero, ahora realizada por los hermanos Ethan y Joel Coen, quienes no parecen saber fallar. Me aseguré de ver la versión original antes para comparar, y en efecto, el equipo de escritores/directores dio al clavo en cuanto a las debilidades de aquella y se aseguró de evitarlas. Sin haber leído la novela, estoy seguro de que lo que aquella versión carecía era la riqueza interpersonal de los personajes, el desarrollo de su relación y el florecimiento individual de cada uno por medio de los demás.
Aparte de eso, y mucho más importante para efectos cinematográficos, faltaba solidez en la acción, apretar la tensión en momentos clave para mantener el interés y aumentar el efecto de los giros de la historia, que pueden ser tan intrigantes como irrelevantes, dependiendo de la forma en que se planteen. La versión de los hermanos Coen no perdona al villano Tom Chaney, al contrario, lo dibuja como un cobarde malhechor que cree que puede salirse con la suya y merece el peor castigo. La voz de una Mattie Ross adulta narra cómo a sus 14 años salió a cazar al asesino de su padre, rufián al que no conocemos durante media película, lo que lo convierte en lo que nuestra mente dicte. Por ende, el efecto de finalmente conocerlo, interpretado por Josh Brolin, provoca un fuerte escalofrío, sin importar lo aterrador que sea o no realmente.
La pequeña Mattie Ross es interpretada por Hailee Steinfeld, quien hace un trabajo colosal. La pequeña es perfecta en el inverosímil papel de una huérfana que se hace cargo de los negocios de su padre y embarca una sangrienta venganza contra quien le quitó la vida. El título acaso se refiera a ella o al justiciero al que contrata, el infame Rooster Cogburn, hombre cansado y bebedor, alguna vez temible, ahora implacable a pesar de sus claros defectos.
Se une a ellos un ranger tejano, LaBoeuf (Matt Damon), quien busca a Chaney por otras razones y se enemista con Mattie desde un principio, pese a tener objetivos similares. Al mediar sus diferencias, Cogburn genera un vínculo fuerte con la chica, y es ahí donde surge lo más interesante de la historia: el poder de la convivencia, la necesidad de abrirnos con quienes nos rodean y la importancia de escuchar a nuestros compañeros. Sin llegar al sentimentalismo, la trama permite a los tres personajes principales expandirse hasta donde ellos mismos permiten, y lo que Mattie y Rooster ofrecen es particularmente conmovedor.
Como Cogburn, Jeff Bridges crea otro de sus grandes personajes. No compite con John Wayne sino que reinterpreta al protagonista y le da su propia gracia y sabiduría, a la vez que sucumbe a sus grandes defectos. Es muy fácil encariñarse con este hombre de dura coraza que esconde un gran corazón lastimado. Sin dejar de cumplir su labor, Rooster vive la ilusión de tener una familia, de dejarse llevar por un cariño y de permitir que alguien le importe personalmente. A la vez que la cuadrilla está llena de diferencias, se convierten en una especie de familia, y sus conflictos nos involucran e intrigan en todo momento.
Escena tras escena, vemos la riqueza de los personajes o sentimos el estrés de la situación, o ambas. La fotografía de Roger Deakins le agrega dramatismo a cada toma. No sin momentos de buena risa, la cinta se enfoca en una venganza y nos deja asomarnos al interior de quienes la protagonizan, incluso los villanos, tales como Chaney o su nuevo aliado, Lucky Ned Pepper (Barry Pepper). Cuando conocemos a estos y el guion de los Coen nos los presentan como humanos agobiados y en cierta medida víctimas también de adversidades, nos dejan entrever que no hay héroes ni villanos, solo gente que vive como puede, aquí y en todo el mundo, ahora y siempre.
Quizá en su afán de contradecir las apariencias y así generar un jalón de tapete al espectador, los Coen desmienten lo tierno de la historia al enfatizar su crudo marco, donde Mattie, solterona, narra lo sucedido años después con una visión nostálgica pero sin negar la dureza de los años posteriores. Aunque el sello de sus realizadores es claro, y tan usual ya como las geniales partituras que Carter Burwell compone para ellos, el trago amargo deja un fuerte sabor de boca, arma de dos filos.
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Comments
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Egypt wrote at 8/27/2011 5:23:27 PM:
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