Review

The Hurt Locker

The Hurt Locker

Director
Kathryn Bigelow
Year
2009
Rating
3.5 stars
Reviewed by
Gon C Curiel a.k.a. Groucho
Review date
Friday, April 09, 2010

En mis nobles intentos por convertirme en autor publicado, tuve cita en una ocasión con un señor que trabajaba para una editorial, quien recibió mi novela y me prometió leerla y regresarme la llamada. No he sabido de él, y estoy reescribiendo mi novela, pero el punto de esta historia no es exaltar mis intentos por ser bohemio, sino narrar que durante nuestro encuentro, ese buen hombre me preguntó si estaría dispuesto a ser “escritor a sueldo”. Significaba que si encontraban talento en mi escribir, podrían considerar contratarme para escribir novelas sobre temas específicos que ellos me dieran, de acuerdo a sus estudios de mercado. Le dije que claro que sí y le sorprendió mucho mi respuesta, que porque la mayoría de escritores se indignan de que les pidan que sacrifiquen su creatividad para un fin comercial. No pude creer esto y le respondí que de eso pido mi limosna, de tener más temas, y que así me pidieran una historia de vampiros o de dinosaurios, o de viajeros en el espacio, yo daría a mis personajes pasiones, devociones y tragedias igual que si estuvieran en el castillo de Macbeth o en la ciudad de Casablanca, o en la nave espacial de HAL, porque da lo mismo, la humanidad no traiciona su naturaleza, esté donde esté. Concluí que esos indignados escritores tenían un muy pobre enfoque comercial. Entonces recordé que en vez de dedicarme a escribir desde un principio, me aboqué a servir al capitalismo, y heme aquí, escritor frustrado, diez años después.

Cuando entré a ver The Hurt Locker, no sabía de qué trataba, quién salía, nada de nada, como siempre procuro, excepto que había que verla porque iba con todo para los premios, y cuál fuera mi sorpresa al ver soldados en la primera escena. Respiré hondo y me dije, “Muchas películas de guerra te han gustado”, aunque ese “muchas” pueda cuestionarse, y antes de la mitad de mi ejercicio de auto-convencimiento me encontré distraído por una tensión casi insoportable: los soldados en pantalla reían al lidiar con una bomba en las calles de Irak, hasta que de pronto el carrito a control remoto con que transportaban material para su desactivación, perdió una rueda. Es entonces que uno de ellos (interpretado por Guy Pierce) debe acudir en persona, vestido con traje protector como de astronauta, a desactivar el explosivo. La música (de Marco Beltrami y Buck Sanders), las tomas (filmadas por Barry Ackroyd) y la edición (Chris Innis y Bob Murawski) hacen que nuestro corazón casi reviente. Y no está pasando nada.

Combino lo planteado en los párrafos anteriores para llegar a la conclusión de que mi filosofía al respecto del arte de escribir era válida. Ni bien me había hecho a la idea de que una “película de guerra” podía no ser tan difícil de disfrutar si era buena, cuando ya lo era para mis ojos, porque no me importaba más la locación, sino el predicamento de los personajes. Desde entonces, no era lo que se veía, sino lo que se vivía dentro de cada uno de ellos, lo que me intrigaba.

El que más tarde resultara protagonista, hombre frío y a veces eufórico, el Sargento William James (Jeremy Renner, cuya desconexión psíquica y emocional resulta absolutamente creíble), tiene tal ansiedad y al mismo tiempo tanta emoción al hacer lo que hace —desarmar explosivos en Bagdad— que es imposible quitarle los ojos de encima.

Al encontrarse con obstáculos tan inesperados como un iraquí indispuesto a mover su automóvil en medio del campo minado, un hombre filmando con una videocámara desde una torre, o su propia adicción al peligro insensato, James nos lleva escena tras escena con el corazón a punto de estallar, y aunque lo que se ve es infernal y a veces insoportable, el hecho de que haya gente que lo viva día a día y en ocasiones hasta lo disfrute, y más diría, no pueda vivir sin ello, es apasionante.

El éxito de esta excelentemente realizada película, creo yo, es que ni glorifica ni sentencia, sólo retrata la locura involucrada en situaciones tan extenuantes para el ser humano, que lleva, como todo lo hecho en extremo, a una adicción. Con ese mensaje abre la película y con uno similar cierra. Lo que hay entre una cosa y otra es pura emoción estresante. Gran logro del guionista Mark Boal, la directora Kathryn Bigelow y todo su equipo.

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