Review
The Hurt Locker
- Director
- Kathryn Bigelow
- Year
- 2009
- Rating

- Reviewed by
- Gon C Curiel a.k.a. Groucho
- Review date
- Friday, April 09, 2010
Cuando entré a ver The Hurt Locker, no sabía de qué trataba, quién salía, nada de nada, como siempre procuro, excepto que había que verla porque iba con todo para los premios, y cuál fuera mi sorpresa al ver soldados en la primera escena. Respiré hondo y me dije, “Muchas películas de guerra te han gustado”, aunque ese “muchas” pueda cuestionarse, y antes de la mitad de mi ejercicio de auto-convencimiento me encontré distraído por una tensión casi insoportable: los soldados en pantalla reían al lidiar con una bomba en las calles de Irak, hasta que de pronto el carrito a control remoto con que transportaban material para su desactivación, perdió una rueda. Es entonces que uno de ellos (interpretado por Guy Pierce) debe acudir en persona, vestido con traje protector como de astronauta, a desactivar el explosivo. La música (de Marco Beltrami y Buck Sanders), las tomas (filmadas por Barry Ackroyd) y la edición (Chris Innis y Bob Murawski) hacen que nuestro corazón casi reviente. Y no está pasando nada.
Combino lo planteado en los párrafos anteriores para llegar a la conclusión de que mi filosofía al respecto del arte de escribir era válida. Ni bien me había hecho a la idea de que una “película de guerra” podía no ser tan difícil de disfrutar si era buena, cuando ya lo era para mis ojos, porque no me importaba más la locación, sino el predicamento de los personajes. Desde entonces, no era lo que se veía, sino lo que se vivía dentro de cada uno de ellos, lo que me intrigaba.
El que más tarde resultara protagonista, hombre frío y a veces eufórico, el Sargento William James (Jeremy Renner, cuya desconexión psíquica y emocional resulta absolutamente creíble), tiene tal ansiedad y al mismo tiempo tanta emoción al hacer lo que hace —desarmar explosivos en Bagdad— que es imposible quitarle los ojos de encima.
Al encontrarse con obstáculos tan inesperados como un iraquí indispuesto a mover su automóvil en medio del campo minado, un hombre filmando con una videocámara desde una torre, o su propia adicción al peligro insensato, James nos lleva escena tras escena con el corazón a punto de estallar, y aunque lo que se ve es infernal y a veces insoportable, el hecho de que haya gente que lo viva día a día y en ocasiones hasta lo disfrute, y más diría, no pueda vivir sin ello, es apasionante.
El éxito de esta excelentemente realizada película, creo yo, es que ni glorifica ni sentencia, sólo retrata la locura involucrada en situaciones tan extenuantes para el ser humano, que lleva, como todo lo hecho en extremo, a una adicción. Con ese mensaje abre la película y con uno similar cierra. Lo que hay entre una cosa y otra es pura emoción estresante. Gran logro del guionista Mark Boal, la directora Kathryn Bigelow y todo su equipo.
Gon C Curiel en Twitter | CriticSociety en Twitter | CriticSociety en Facebook
Share on Facebook | Share on Twitter
Comments
Leave a comment