Review

Martian Child

Martian Child

Director
Menno Meyjes
Year
2007
Rating
2.5 stars
Reviewed by
Gon Curiel a.k.a. Groucho
Review date
Saturday, January 22, 2011

Sin ser una buena película, Martian Child toca fibras sensibles que muchas veces nos tienen con un nudo en la garganta sin quererlo. Luchamos contra el sentimiento pero ahí está. ¿De qué forma consigue esto la cinta, si la trama es tan, pues sí, marciana? Es decir, ¿cómo es que nos podemos sentir identificados con un niño que se cree —y asegura que es— marciano y un autor de novelas de ciencia ficción que desea adoptarlo? Nada más lejos de nuestra realidad, podríamos pensar, y en efecto es así.

Sin embargo, en la interacción entre estos dos hombres, el pequeño tan misterioso, el grande tan necesitado, encontramos muchos elementos de nuestra propia vida: la soledad, la diferencia entre nosotros y los demás, la necesidad de ser comprendidos, complementados y correspondidos, y la urgencia de hallar a alguien con quien se pueda compaginar sin complicaciones.

De pronto podemos encontrar que nuestra vida tiene huecos gigantescos que no hemos llenado sino cubierto. De pronto nos damos cuenta de que esa necesidad tan grande de compaginar aún existe sin importar que tengamos a nuestro lado a alguien a quien amemos. Hallar a la persona correcta puede ser resultado de una búsqueda incansable o de una serie de adaptaciones de nuestro ser que nos permitan ajustarnos a lo que es el otro; e idealmente, ambos lo hacen para acercarse más mutuamente.

Martian Child nos habla de la posibilidad de no tener que transformarnos, de ser quienes somos sin necesidad de ajustarnos a lo que la sociedad o la familia nos pide. El caso del pequeño Dennis (Bobby Coleman) es muy claro, ha tenido tantos problemas en su corta vida que ha incurrido en declararse marciano y negarse así al afecto humano, apenas asomándose a veces ante los desesperados intentos de su padre adoptivo, pero tan necio en su supuesto origen que incluso hace dudar a este y a nosotros. El hombre en cuestión, David (John Cusack), es quien realmente se siente marciano sin decirlo, siempre diferente y aislado, continuamente incomprendido, al fin capaz de expresar sus diferencias con el mundo por medio de la ciencia ficción que escribe, convencido de que nadie es para él, sobre todo tras perder a su amada esposa, otro golpe de mala suerte.

La interacción entre David y Dennis llega a ser cansada. Son idas y vueltas entre que el niño trata de convencer al padre de su origen, el padre decide seguirle la corriente, los trabajadores sociales se oponen, el padre intenta convencer al niño de actuar como terrícola, el niño “finge serlo” y luego revienta, y todo de nuevo. Lo enriquecedor de tan cansadas secuencias es el desarrollo de David, interpretado por Cusack con desaliento y desesperación genuinos, de entre los cuales se asoma un amor que no tiene nada de marciano. Es su personaje, no el del niño, el que conmueve al transformarse tras tantos años de querer sentirse normal a pesar de dar la espalda al mundo.

El guion de Seth Bass y Jonathan Tolins, basado en la novela parcialmente autobiográfica de David Gerrold, es difícil de creer y a veces incómodo, además de, como dije, muy redundante, pero el corazón late sin parar en él y uno no se arrepiente de recorrer con estos dos personajes el viaje de la Tierra a Marte y de regreso.

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