Inventario de mi cuarto 2.32 - Viejo teclado, nuevo talento
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Gon Curiel a.k.a. Groucho
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Tuesday, September 28, 2010
Reemplacé este viejo teclado hace años por uno inalámbrico. Lo guardé en el clóset y se me ocurrió que podía ser buen juguete para mi sobrino, un día en que jugamos juntos en mi casa. Fue un éxito. Tuve la ocurrencia de conectar el teclado a la computadora y filmarlo mientras escribía lo que me pareció una genial obra literaria de este indiscutible nuevo talento. A continuación reproduzco el resultado:
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA... "Miguel.. ¿qué escribes?" JAJAJAJAJAJAJAJA... Su mirada fue: "No mam** iiinche tío. ¿No ves que necesito de concentración mientras escribo?" jajajajajajajajajajajajaja... Muy bueno.
Dale un beso por parte de su tía brasileña. :-)
PP wrote at 9/29/2010 12:34:06 AM:
Indiscutible talento.
BV wrote at 10/24/2010 11:37:02 PM:
Está increíble! Lo tiene en la sangre! =)
ana victoria wrote at 10/27/2010 3:11:31 PM:
jajajajajajaja buenisiimo oye en serio, soficialemente soy tu fan
Al parecer el mensaje que escribio puede estar codificado conteniendo valiosa información umm habra que analizarlo. BUEN RELATO.
AMoscu wrote at 11/15/2010 11:14:29 PM:
Cuñado!!! Eres un descubretalentos!!!
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Inventario de mi cuarto 2.31 - Motor real
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Gon Curiel a.k.a. Groucho
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Friday, September 24, 2010
Los “Tamiya”, moda estridente de algún punto de mi primaria, eran unos coches de pilas que no funcionaban a control remoto, simplemente andaban, pero tenían la peculiaridad de contar con un motor real que podía ser más o menos poderoso, según el modelo. Los ponían en pistas con canales para que tomaran cierto camino, y podían modificarse sus características (llantas, carrocería, motor, etc.) para hacerlos más veloces o de paso más acelerado y hábil. Había locales dedicados exclusivamente a estos pequeños autos y carreras a las que acudía media ciudad (o así lo veía yo) a ver competir a los más veloces. Supongo que la marca aún existe, y que se puso de moda otras veces, pero dudo que tanto como en ese entonces.
Aunque nunca le entré a mejorar mi Tamiya, lo valoré mucho y aún lo conservo. Es un Avante, o eso indica una de sus estampas, y ciertamente era veloz. Me gustaba su sonido al andar y las piezas que contenía, tan fáciles de armar. Era una buena pieza de ingeniería y no me apasionaba tanto el ganar una competencia como el tener en mis manos un juguete que emulara un automóvil de la vida real. Muchos de mis amigos no podían comprender por qué yo no me enfocaba en ganar las carreras o siquiera intentarlo. Yo siempre pensé que lo mío era más apreciar la ingeniería y aprovecharla para mis verdaderos intereses que generarla o ser parte de ella. Así ha sido.
A mi me toco la buena generación ochentera de los HOT WHEELS cuando eran verdaderas joyas de la colección,no que los de ahora se ven y se sienten muy chafas.
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Inventario de mi cuarto 2.30 - Los relojes y yo
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Gon Curiel a.k.a. Groucho
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Thursday, September 23, 2010
Inventarío aquí algunos relojes de muñeca que conservo: el “Super reloj” que compré en la tienda de Warner Brothers en Cancún, uno de Mauricio Garcés que adquirí en la colonia Condesa, uno digital, de mi infancia, que fungía, no para mucha utilidad, como control remoto, otro negro que me regalaron en la compra de unos Jeans, el que más usé en mi vida, creo yo, entre otros. El más notable es uno marca Jeep, quizá el que más me gustó en mi vida, que compré en el aeropuerto de Panamá, en escala hacia Buenos Aires, en diciembre de 2007. Quizá el más memorable es otro, que me regaló una ex novia, motivo de grandes peleas cuando lo reemplacé por el de Jeep; ése se lo obsequié después a mi papá, tal vez para quitarme el mal recuerdo.
En realidad lo que creo que vale la pena narrar es cómo los relojes de muñeca y yo nunca nos llevamos. De niño me incomodaban y los usaba sólo por la buena imagen que según yo me daban. Más grande, me harté de usar el reloj siempre en la muñeca izquierda y lo empecé a usar en la derecha. Luego, ansioso como siempre he sido, empecé a sentir que el peso en un brazo me sacaba de balance, por lo que procuraba ponerme algo en el otro, un cuerito o pulsera de moda, por ejemplo. Más grande, adopté la costumbre de quitarme el reloj al llegar a un lugar fijo como mi casa, mi trabajo, la casa de alguna novia, etc… Finalmente, concluí que con lo fácil que es ver la hora en cualquier parte (el monitor de la computadora, el celular, el reloj del coche, el reloj de otra persona), valía más deshacerme por completo de la costumbre de usar relojes, y ya llevo más o menos dos años así, para mi tranquilidad.
Interesante cómo siempre encontraremos algo en común con las personas que creemos completamente diferentes, ¿no crees? Es decir, al llegar a casa, después de saludar a mis tres mascotas, me lavo las manos, me quito el reloj...y siento que ya puedo respirar. Yay hooray for me!
Lalo wrote at 9/23/2010 12:03:25 PM:
El TOC es algo que te persigue toda la vida.
Quiero que me heredes en tu testamento el de Mauricio Garcés.
Pollescu wrote at 9/23/2010 12:58:14 PM:
Porque omitiste deliberadamente el reloj calculadora que a finales de los 80's era la sensación del momento????
Gracias por sus comentarios! Maha, qué bien lo dijiste, yo igualito, al quitarme el reloj POR FIN podía respirar, tal cual!
Jajaja, Lalo, lo tienes!
Pollescu, la razón es simple: no lo conservo! :'(
Y por cierto, tienes razón, ese reloj SIN DUDA fue el que más usé. Tal vez lo tengo por ahí, lo voy a buscar mucho, y si lo encuentro, le daré su propia entrada en mi blog.
Merde wrote at 9/24/2010 5:16:46 PM:
¡Sí, que horror! Exclavitud disfrazada de elegancia o moda... o lo que sea.
Yo trabajé muchos años en Timex y POR CONTRATO debía usar un reloj diferente cada dia... claro que casi todos me los regalaron ellos, eran Hugo Boss, Nautica, Guess y varias marcas más. Hasta que a mediados de 2005 mi vida dió un giro de 180 y entre los grandes cambios, decidí no usar mas un reloj de pulso. Lo he logrado hasta ahora, y como tu bien dices, también por la facilidad de ver la hora en otros lugares.
Gusmer wrote at 9/28/2010 4:03:25 PM:
Recuerdo bien ese reloj de Superman... creo que fue lo que nos hizo cuates, vdd? jejejeje
A mi siempre me han gustado los relojes de muñeca pero traerlos casi no,si no verlos en algún mueble de adorno y sobre todo si son de metal y brillantes,pero si me pongo uno siento que me aprieta y jala los vellos de la muñeca y que todos me miran como si trajera un objeto valioso,por eso desde hace un par de años el reloj adorna el mueble de la computadora.
Inventario de mi cuarto 2.29 - Me voy de casa 2006
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Gon Curiel a.k.a. Groucho
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Wednesday, September 22, 2010
Cuando mi hermana se casó, en el 2006, anuncié que también me iría de casa. No debe haberle caído muy en gracia a mi mamá, amorosa persona que de pronto se encontró con que sus dos hijos se irían lejos. Su manifestación, sin embargo, fue de apoyo, simbolizado para siempre por el primer regalo que me dio para mi propio hogar: un costurero con el que podría remendarme mi ropa como ella lo había hecho toda la vida. Al mismo tiempo, supongo, el mensaje del regalo era un sutil recordatorio de que la independencia me quitaría muchas facilidades.
La vida dio varias vueltas en las cuales medio viví con alguien por un año (5 de cada 7 días, en promedio), luego con alguien más, ahora sí de lleno, durante un año también, y finalmente volví a casa. La verdadera independencia anunciada en el 2006 por fin se consumará en el 2011, motivo de este blog, como expresé aquí: Inventario de mi cuarto: Introduccion.
Siempre hay un roto para un descocido como dice la frase y las cosas que uno menos piensa en un momento dado son las que más hacen falta en cualquier hogar.
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La Historia Oficial
Director
Luis Puenzo
Year
1985
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Gon Curiel a.k.a. Groucho
Review date
Wednesday, September 08, 2010
Mi interés por esta película nació cuando oí que la pareja protagonista es interpretada por Héctor Alterio y Norma Aleandro, quienes, más de una década después, fueran inolvidables como los padres del protagonista en El Hijo de la Novia (2001). Descubrí entonces que La Historia Oficial fue una cinta por demás importante de su país, Argentina, y decidí verla. La experiencia fue impactante.
Mientras escribo esto, oigo “En el país de no me acuerdo”, canción de niños que genera un emblema de la historia. La oímos primero interpretada por una pequeña niña, de apenas cinco años, hija de Alicia y Roberto, feliz pareja que ha mantenido estabilidad económica a pesar de las atrocidades vividas en Argentina durante la década anterior.
Alicia es profesora de historia y encuentra que sus alumnos adolescentes tienen una actitud rebelde ante lo que se les enseña, dicen que la historia oficial ha sido escrita por los asesinos e insisten en llenar sus tareas y exámenes con los hechos que conocen por sus padres aunque no aparezcan en los textos que estudian. Alicia se niega a escucharlos y a cada intento responde con represalias, bajo el argumento de que ella da una clase de Historia, no de Debate. Está claro que ella no está de acuerdo con lo que ellos creen, al grado de ni siquiera considerarlo.
Un día, una vieja amiga, Ana (Chunchuna Villafañe, absolutamente inolvidable), vuelve a la ciudad y visita a Alicia, le cuenta lo que ha hecho desde entonces, y culmina con la terrible revelación de por qué se fue hace casi diez años. Entrar en contacto con las atrocidades de que hablaban sus estudiantes provoca a Alicia una epifanía: quizá su esposo esté del lado de los “cómplices”, y más aún, puede que su amada hija Gaby (Analia Castro), que es adoptada, sea en realidad una niña robada a alguna víctima.
La duda crece en Alicia y da a Norma Aleandro oportunidad de ofrecer una actuación extraordinaria. Durante su investigación, Alicia sale de la coraza en que ha elegido vivir durante los últimos años, se da cuenta de incontables horrores del pasado y del presente, y al fin ve con claridad la situación en que ella misma ha vivido, hundida en el lugar seguro que su esposo diseñó. Alterio, como el esposo, es escalofriante sin caer en lo burdo de un villano tradicional.
La película es de paso deliberado. Comienza con los estudiantes cantando el himno nacional apasionadamente, se presenta a Alicia dando clases, se le sigue a su casa, donde baña a su niña al ritmo de la canción que mencioné antes, y como eso, casi todo: momentos en familia, charlas de café, reencuentros sociales, burocracia gubernamental, marchas, todo un retrato de la época, de la polaridad económica, de las injusticias y de la ceguera. El recorrido, con fotografía realista y música sutil de Atilio Stampone, se presenta desde la perspectiva de Alicia, que va abriendo los ojos poco a poco, hasta que es preferible haberlos mantenido cerrados. Después de involucrarnos a un grado máximo, el final es absolutamente catártico.
Luis Puenzo y Aída Bortnik escribieron el guión y Puenzo dirigió, en su debut cinematográfico que claramente contiene para él una fuerte carga emocional. El resultado es que lo transmite para todos, para siempre.
Nada más vi la I hace uuuuuu y creo que escribí una crítica, espera...
http://criticsociety.com/?rev=1793
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Life of Brian
Director
Terry Jones
Year
1979
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Gon Curiel a.k.a. Groucho
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Tuesday, September 07, 2010
Aunque he visto algunos momentos invaluables de Monty Python, así como mucha de la comedia posterior del increíble John Cleese, nunca había visto una de las obras cinematográficas del grupo en forma, y empecé por la que muchos consideran la mejor. Aunque lamento no haber empezado por el principio, reporto que fue una gran decisión.
Life of Brian se sitúa en la época de Jesús. El protagonista nace el mismo día que el Mesías y es confundido por éste por los tres reyes magos, que pronto corrigen su error y recavan los regalos que ya habían dado a la madre del niño irrelevante. Brian crece como un judío típico de la época: harto de la ocupación romana y ansioso por un cambio. Mientras Jesús de Nazaret empieza a generar su movimiento, Brian y muchos otros se organizan en grupos rebeldes que procuran hacer lo mismo de forma menos pacífica.
La historia de Brian es en realidad un gran pretexto para generar momentos cómicos. Escena tras escena, se busca la manera de hacer reír por medio de discusiones absurdas e interminables, malentendidos, chistes locales al respecto de otras escenas, o todo junto. Son sketches elaborados que se integran a la historia y permiten que todo fluya a pesar de detenernos a reír un rato de las más disparatadas situaciones. El humor inglés puede rayar en lo inaccesible, pero encontré el de Monty Python fresco y simplista, universal y por demás ocurrente. Fue admiración instantánea.
Tan cómica es la película, que lamento sus pocos momentos dramáticos. El papel de Brian, por ejemplo, es interpretado con gran seriedad por Graham Chapman, lo que funciona muy bien en momentos de chusca crisis, pero no tanto cuando sufre de verdad. Por otro lado, las actuaciones de los miembros principales de Monty Python, como John Cleese y Michael Palin, son impecables. Éste en particular me mató de risa en su papel de Poncio Pilato, que tiene un defecto en el habla. Cleese es extraordinario en muchos papeles pequeños, como el del líder de una sociedad rebelde a la que Brian se une, en la que se discute mucho y se actúa poco.
La ambientación es de primera calidad, en verdad nos transporta a la época, lo que aumenta la comedia pues en lo que realmente parece la era de Jesucristo, hay una bandada de ingleses bromeando “involuntariamente” al respecto de todo. El final es la escena más memorable de la película, dentro y fuera de contexto, y es mi deber arruinarla, así que por favor no lea más si no ha visto la película y no quiere enterarse en qué acaba.
Brian es encontrado culpable de traición y crucificado junto con otras docenas de condenados. Cuando todo parece estar perdido, otro crucificado, interpretado por Eric Idle, anima al protagonista por medio de palabras poéticas que pronto se convierten en la canción “Always Look on the Bright Side of Life”. La alegre melodía, su letra optimista y el silbido que la acompaña generan un potente contraste con la situación que viven los personajes, que probablemente sea el máximo exponente del genio de los Monty Python. Dejo a continuación el video de tan glorioso momento cinematográfico.
Si hubiera conocido la premisa de esta película, quizá no la hubiera disfrutado en absoluto. Pero como entré a verla sin tener idea de lo que trataba, como procuro hacer en todas, encontré la idea refrescante e innovadora. Si usted, querido lector, ha llegado hasta aquí sin saber nada de la película, véala sin leer una línea más. De lo contrario, prosiga, que arruinaré la trama como supongo lo hicieron las sinopsis y los avances publicitarios.
La idea es que una familia perfecta arriba a un pueblo y se instala en medio de miradas asombradas de vecinos que los envidian desde el primer momento. La aparentemente ideal familia nuclear, compuesta por padre, madre, hijo e hija, abre las puertas de su hogar a quien quiera acercarse, sólo para aumentar la admiración de quienes descubren en ella todo lo que siempre soñaron para sus propias vidas. El truco: esta “familia” no es más que un equipo de vendedores sin relación alguna entre ellos, fuera de lo profesional, con la consigna de convencer a los habitantes del lugar al que llegan de que necesitan tener todo lo mismo que ellos para ser felices.
La jefa del equipo, Kate (Demi Moore), cree tener todo bajo control, pero desde la primera noche se da cuenta de su error: la “hija”, Jenn (Amber Heard), intenta seducir al novato “padre”, Steve (David Duchovny), metiéndose en su cama. El “hijo”, Mick (Ben Hollingsworth), es mucho menos conflictivo que su “hermana”, pero también consigue enredarse en problemas más pronto que tarde. Todo parece desmoronarse para Kate, no sólo por su falta de control del equipo, sino también por su falta de incremento en ventas, a diferencia de Steve, en realidad un ex vendedor de autos, que ha logrado involucrarse de tal forma con sus vecinos que influye en sus vidas determinantemente.
La premisa es fresca e hilarante durante pocos minutos, después se torna rutinaria y finalmente aburrida e irrelevante. Cuando nos hemos acostumbrado a la treta de la familia Jones, poco nos importa ya su escandaloso engaño, pues viven un drama personal que es al que se le da más enfoque y que poco tiene de novedoso. Un irremediable enamoramiento, la muerte de alguien cercano y un par de decepciones amorosas no logran trascender a pesar de sucederle a esta familia única. En realidad, los giros dramáticos de los escritores Randy T. Dinzler y Derrick Borte bien podrían pertenecer a un programa de televisión cualquier de la última década.
Quizá lo más rescatable es el carisma del cuarteto protagonista. Demi Moore es totalmente creíble en su papel, y su edad ayuda a transmitir lo angustiante de vivir una vida del todo desapegada de lo personal. Duchovny se muestra dulce y sensible, deseoso del éxito profesional pero sin quitar el dedo del renglón de su verdadera felicidad, la cual ha evadido, como ahora ve más claro que nunca. Los hijos son personajes misteriosos, su edad nunca se aclara, pues aunque parecen adolescentes, es obvio que son un poco mayores, y es difícil comprender cómo han ido a dar ahí o qué buscan en la vida. Me perturbó un poco su situación. En cuanto a los vecinos, sólo destaca una pareja, interpretada por Gary Cole y Glenne Headly. Ellos catalizan la catarsis de los Jones de una manera artificial y forzada, pero enriquecen las escenas en que aparecen con exabruptos cómicos o dramáticos que funcionan bien. Por último, Ric Reitz, como otro “señor Jones”, es excelente hacia el final de la película. Su corta aparición fue lo que más disfruté, único momento en que lancé un par de francas carcajadas.
En conclusión, los Jones quizá engañaron a sus vecinos, pero a nosotros no: su película no es buena, por más que intente aparentarlo.
La escena central es la que da título a la película, “El Festín De Babette”, un banquete que ofrece la misteriosa joven francesa refugiada en un pequeño pueblo danés donde dos mujeres mayores, ambas solteras y devotas a la secta cristiana que fundó su padre, le dan asilo durante años para apoyarla tras su trágico exilio en tiempos de guerra. Es una escena que dura quizá la segunda mitad entera de la película, pero el espectador la consume con la voracidad de un exquisito festín. Las razones por las que se ofrece dicha cena, de unas diez personas aproximadamente, y cómo se llega hasta ahí, son deleitables y sería un pecado mencionarlas. Baste decir que uno de los festines más memorables de la historia del cine, al nivel del de Tom Jones (1963), diría yo, contiene tanto placer culinario como humano, en el sentido de las catarsis que se conjuntan en ese momento, de las dos mujeres mayores, su cocinera, un capitán que visita el pueblo después de décadas, y el pueblo en general.
El proceso de la película es muy simple. Se narran primero las historias de las dos mujeres que en su juventud eran las más hermosas y cautivadoras del pueblo. Su padre ultra religioso no quería que contrajeran matrimonio, pero al final fue decisión de ellas, tanto individual como conjuntamente, quedarse solteras para cuidar el legado de su padre y refugiarse en él al mismo tiempo. Sus flashbacks son historias que parten el corazón, pues ambas viven romances potenciales que se truncan por una u otra razón. En estas escenas, la actuación más memorable pertenece a Jean-Phillippe Lafont, uno de los hombres más claramente enamorados que he visto en pantalla.
Después se introduce a Babette (Stéphane Audran), mujer seria y melancólica, de quien poco se sabe excepto que ha perdido a su familia en Francia y ha debido huir. Consigue refugio con las dos mujeres, ya grandes, que viven para ayudar a los feligreses de su decreciente congregación. Por medio de Babette, que está siempre dispuesta a ayudar y tiene sorprendentes dotes de administración y organización, consiguen hacer sus labores sociales y religiosas con mucho mayor provecho.
A la hora de la cena, en ese majestuoso banquete que Babette ofrece por razones que no describiré aquí, se conjuntan, como he dicho, las culminaciones de todas las historias que se viven en la cinta. Desde el destino de la congregación hasta cada uno de los dramas personales, incluyendo uno hasta entonces desconocido, el de la protagonista, se obtiene la recompensa perfecta. La escena se filma con mucho énfasis en la comida pero tanto o más en las reacciones de quienes la consumen con placer tal que parecieran no haber experimentado jamás. En esta escena, el personaje más memorable es sin duda el interpretado por Jarl Kulle, hombre de mundo que mucho contrasta a sus comensales, y cuyas palabras dan perspectiva extraordinaria al evento. Del otro lado, los humildes feligreses hacen lo posible por rechazar el placer mundano que viven por medio de su sentido del gusto, pero les es imposible, y al finalmente aceptarlo, encuentran la armonía que tanta falta les había hecho.
La historia es pequeña, si se ve desde cierto punto de vista, pero inagotable si se ve desde otro. Fue escrita por el director, basado en una historia de Karen Blixen. Me impresiona que un evento pueda conjuntar la importancia de tantas vidas, sin palabras, con olores, sabores y combinaciones que jamás se olvidarán. Probé el banquete tanto como los personajes y quedé más satisfecho y enriquecido que nunca.
Vi esta película cuando tenía 13 o 14 años, a insistencia de mi mamá que me dijo que era bellísima. No le entendí. Supongo que unos cuantos añitos después es hora de revisitarla con ojos más maduros.
Jajaja, recuerdo que me iba a pasar lo mismo, mi papá fue insistente, pero me escapé. Fui sabio, la hubiera odiado a esa edad (o me hubiera puesto a comer hasta la obesidad infantil). Échale un ojo.
Liliane wrote at 9/28/2010 8:23:25 PM:
JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA... "Miguel.. ¿qué escribes?" JAJAJAJAJAJAJAJA... Su mirada fue: "No mam** iiinche tío. ¿No ves que necesito de concentración mientras escribo?" jajajajajajajajajajajajaja... Muy bueno.Dale un beso por parte de su tía brasileña. :-)