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Invictus

Invictus

Director
Clint Eastwood
Year
2009
Rating
3.5 stars
Reviewed by
Gon Curiel a.k.a. Groucho
Review date
Thursday, February 18, 2010

Clint Eastwood no sabe fallar, y ahora sí me alegro de no tener sólo fe ciega. Entré a ver Invictus sin saber que era de él, y sólo lo descubrí en los créditos finales, cuando ya estaba enamorado de la cinta. La gran sensibilidad, la falta de prisa, el amor por sus personajes, las actuaciones relajadas, la música, el mensaje positivo sin miedo a exagerar, todo eso es Clint.

Su genial colaborador de varias películas, Morgan Freeman, es perfecto en el papel de Nelson Mandela, el admirado rebelde de Sudáfrica que tras décadas de lucha consiguió llegar a la presidencia y vencer el régimen del apartheid que durante tantos años azotó en ese país a quienes fueran de raza negra. En vez de retratar su historia por medio de pretenciosas o sesgadas situaciones políticas, Anthony Peckham se ha basado en un libro de John Carlin para retratar la belleza de la obra de Mandela por medio de un episodio en particular: el campeonato mundial de rugby de 1995.

Mandela acababa de ingresar a la presidencia del país cuando decidió que apoyar al equipo nacional de rugby sería un eficaz movimiento político y pacifista. El equipo estaba caracterizado por los colores del apartheid e históricamente había sido símbolo de su tremendo racismo y marginación. Mandela entendió la importancia de no quitar a los Boer sus símbolos más importantes, y decidió convertir al equipo de rugby en algo con quienes todos pudieran identificarse, no borrando su simbolismo actual, sino convirtiendo su esencia en algo que, por primera vez, favoreciera a todos.

El otro tema para ilustrar la lucha, la perseverancia y la resiliencia de Mandela es un poema, “Invictus” de William Ernest Henley. Descubrir que él amaba este poema fue la más agradable sorpresa que me trajo la película, porque yo lo había conocido casualmente, por recomendación de un amigo, hace varios años, y se había convertido en algo muy inspirador para mí. Cito:

Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul.

In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed.

Beyond this place of wrath and tears
Looms but the Horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find, me unafraid.

It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll.
I am the master of my fate:
I am the captain of my soul.

Además de dar su nombre a la película, el poema funge como motor para sus dos personajes centrales: Mandela, en el pasado, durante sus años de cautiverio, y François Pienaar (Matt Damon), capitán del equipo de rugby, a quien Mandela pretende y consigue inspirar. La historia combina deporte, política, supervivencia, hermandad, renovación, optimismo y victoria. El resultado es una gran película de deporte, y sin embargo su enfoque central no es ése. Tampoco lo es la política. Es, más bien, el espíritu.

Como suele suceder con las cintas de Clint, a veces el argumento se debilita. Ocasionalmente sentí que faltaba intensidad al relato para mantenernos en mayor suspenso. No perdono, por ejemplo, el episodio en que una falsa alarma de terrorismo nos roba atención durante minutos. Otro error es una escena en que Mandela empieza a saludar a los integrantes del equipo por sus nombres, y a la mitad parece olvidarlos y continúa saludando impersonalmente. Son pequeñeces, pero cuentan mucho cuando algo parecía intachable.

De cualquier forma, es injusto criticar una obra tan bienintencionada y exitosamente lograda como ésta. Un gran bravo, como siempre, a Clint Eastwood, por seguirnos alegrando los años con sus filmes que dejan tan buen sabor de boca.

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Up in the Air

Up in the Air

Director
Ivan Reitman
Year
2009
Rating
3 stars
Reviewed by
Gon Curiel a.k.a. Groucho
Review date
Wednesday, February 17, 2010

Decir que esta película me pareció fría y triste es como quejarme de que The Exorcist (1973) me dio miedo, porque justo ése es el punto, pero igual tengo que hacerlo. Up in the Air retrata la desolación de un “guerrero del aire” cuyo trabajo le exige volar sin parar, al grado de poder decir que los aeropuertos y los aviones son su hogar. Me vino a la mente un episodio de mi infancia, en que dije que me gustaría vivir en un avión, mi hermana se burló de mí, y mi mamá me defendió diciendo que mucha gente prácticamente vive ahí, por tanto que viaja debido a su trabajo. Pensé desde entonces que qué estilo de vida sería ése, estar todo el tiempo en movimiento, nunca poderse estacionar ni sentirse “como en casa” más que en los aviones. No será nada agradable, pensé, y esta película me confirma que sólo lo es si uno se esfuerza por creerlo, pero en realidad, no hay nada más triste y desolador.

En ese sentido, es exitosa. Nunca compramos que Ryan Bingham (George Clooney) sea digno de admiración, aunque sea simpático, inteligente, práctico, audaz y filosófico. Pero si alguien puede mejorar, deberíamos encontrar el camino al mejoramiento a su alrededor y desear que lo siga. Debería haber obstáculos para llegar a una meta que nos queda clara. Aquí, no existe esa meta. El mundo alrededor de Ryan es más desagradable que el suyo, más gris, más triste, con gente más fea y menos glamorosa y con menos rumbo que él. Los que tienen algún rumbo, por lo visto, son los que deciden enamorarse, e incluso ellos no parecen felices. Está bien, aclaro, que no todo sea color de rosa de un lado y gris del otro, pero es desesperanzador que todo tienda a lo gris, y que las opciones sean muy gris y medio gris. Si el muy gris es casi igual al medio gris, pero da más espacio para un poco de sarcasmo, ironía y superioridad, prefiero que Ryan se quede donde está.

Juno (2007), que es la anterior película de Jason Reitman, me daba una sensación parecida, sólo disfrazada por colores y música, pero triste, muy triste, de fondo. Ni el inicio ni el medio ni el final me parecieron esperanzadores, y de hecho la resolución me dejó con una sensación perturbadora y angustiante. Ahora veo que es una tendencia de Reitman. Tal vez se jacta de ser un realista, pero ir al cine a no encontrar siquiera una catarsis, no me sirve de mucho.

La historia de Ryan tiene dos catalizadores, dos mujeres, no en el sentido del clásico triángulo amoroso, sino simplemente factores que se cruzan en su camino y lo hacen reflexionar. Una es su alma gemela, una viajera frecuente interpretada por Vera Farmiga, que vive con la misma insensibilidad y frivolidad que él al respecto de quienes la rodean, y está dispuesta a sostener una relación inconsecuente con él. La otra es una compañera de trabajo, una mujer joven y dinámica, interpretada por Anna Kendrick, que pretende revolucionar la empresa en que Ryan trabaja y reducir los costos de viaje en un 100%, lo que implicaría la obligación de Ryan de al fin estacionarse en un lugar. Para impedirlo, la lleva a conocer su trabajo en el camino, y descubre en ella una ventana a la sensibilidad humana que nos lleva a amar, y a querer amar, a otras personas.

Casi al final de la historia, cuando Ryan ha evolucionado un tanto, la historia nos jala el tapete como para ilustrar que los finales felices no siempre funcionan, o quizá que este guión (o la novela de Walter Kim en que se inspira) es tan inteligente que evade los clichés hasta el último momento y le duela a quien le duela. No me gustó. No es que quiera lo contrario, pero ese extremo me pareció fatídico. El cambio no implica absoluta felicidad o absoluta tragedia. ¿Por qué castigar al personaje de Ryan? Tal vez no entendí el punto, pero como yo lo vi, la historia me pareció irrelevante.

De cualquier forma, es una propuesta interesante, y a pesar de su tendencia lúgubre, y la actuación de George Clooney que nos sabemos de memoria, la película entretiene.

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Get your permanent avatar at Gravatar.com PP wrote at 2/17/2010 6:31:00 PM:

LOL, memorable comentario sobre la actuación de George Clooney. No podría estar más de acuerdo.

El otro día leí que dijo que admira a actores que aunque actuaban en diferentes películas siempre eran el mismo y eso era garantía. Creo que, por lo visto, su tirada es intencional. En lo personal me parece de lo más aburrido.

Get your permanent avatar at Gravatar.com Groucho wrote at 2/18/2010 2:59:46 PM:

Pepe, compártenos lo que me contaste por mail sobre la novela. Está interesantísimo.

Get your permanent avatar at Gravatar.com PP wrote at 2/20/2010 3:05:59 AM:

Sure!

Leí que en la novela se revela eventualmente que el personaje principal tiene cáncer, un tema que Jason Reitman decidió omitir de la película. En lo personal me parece que le da una textura muy interesante a la historia y hace más entendibles las acciones del protagonista. Ya está en cada quien...

Get your permanent avatar at Gravatar.com Groucho wrote at 2/22/2010 11:33:08 AM:

Súper interesante. Me vino a la mente la escena en que una asistente de vuelo le pregunta "Do you want the can, sir?" y él entiende "Do you want the cancer?", lo cual probablemente vino del libro. Qué riqueza y profundidad le hubiera dado al guión esa carrera contra el tiempo. Incomprensible, en mi opinión, que lo hayan quitado.

Get your permanent avatar at Gravatar.com PP wrote at 2/26/2010 5:19:14 PM:

Qué bueno que menciones esa broma, porque olvidé mencionarla.

No viene del libro, y Reitman dice fue su "homenaje" al subplot del libro que decidieron omitir de la película.

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La Oveja Negra

La Oveja Negra

Director
Ismael Rodríguez
Year
1949
Rating
3.5 stars
Reviewed by
Gon Curiel a.k.a. Groucho
Review date
Wednesday, February 17, 2010

Como mexicano, tardé demasiado en darme cuenta del poco cine de mi país que había visto. Cuando decidí que amaba el cine, a los 16 años, lo hice basado en las películas principalmente estadounidenses que había visto, algunas de las cuales destacaban, y decidí buscar en los anales de la cinematografía todo lo que más valiera la pena, basado en listas de expertos. No había DVD todavía, ni muy buena distribución de VHS en México, por lo que empecé una verdadera cacería para encontrar tales clásicos como Citizen Kane (1941), The Adventures of Robin Hood (1938) y Network (1976), por mencionar algunas que me costó trabajo encontrar. Poco sospechaba que durante mi audaz búsqueda, que tantas recompensas me traería —eso sí—, joyas pasaban desapercibidas por mí en televisión todos los días: películas de la época de oro del cine mexicano transmitidas incansablemente. Tal vez porque no me presentaba un reto encontrarlas, o quizá porque de pronto uno no aprecia lo propio, tardé más de una década en descubrir mi error.

Ahora que tengo una perspectiva más amplia, aunque nunca tan amplia como quisiera, me encuentro con la realidad de que ese cine que tanto he ignorado tiene una calidad incalculable, comparable con la del cine de cualquier país y de cualquier época. Un buen amigo me insistió mucho que viera un díptico de películas de Pedro Infante, La Oveja Negra y No Desearás la Mujer de tu Hijo, y hacerle caso —con gran tardanza, lo admito— fue la mejor decisión que pude haber tomado al respecto de este cine. La puerta que se me abrió es inmensa, y ahora estoy ávido de continuar el descubrimiento de tanta riqueza.

La Oveja Negra no es una obra maestra, pero su tema es tan crudo y tan real, y tratado con tal sensibilidad, que es imposible no sentirse afectado por ella. El tema central es el patriarcado machista que ha caracterizado gran parte de nuestra historia, representado aquí por la historia de Cruz Treviño Martínez de la Garza (Fernando Soler), que es adicto al juego, arriesga constantemente el bienestar de su familia, va a dormir a casa sólo cuando se le da la gana, tiene mujeres e hijos por doquier, y sin embargo es respetado e idolatrado por su esposa Bibiana (Dalia Íñiguez) y su hijo Silvano (Pedro Infante).

Silvano empieza a hartarse del estilo de su vida de su padre y de los grandes sufrimientos que provoca a su madre. Bibiana insiste que Cruz sabe por qué hace las cosas, y que el deber de ellos es respetarlo y ayudarlo, pero Silvano empieza a dudar que las cosas debieran funcionar así. No obstante, cada vez que surge la oportunidad de oponerse a su padre o enmendar algún error de éste, se ve imposibilitado a faltarle al respeto o siquiera contradecirlo. Llegar ahí será el gran reto de Silvano, y lo que pudiera cambiar su vida.

Pero ésta no es una película de Hollywood. Si lo fuera, Silvano saldría avante, conquistaría su propia identidad, y quizá hasta haría cambiar a su padre, para alegría de su madre. Sin entrar en detalles, baste decir que la catarsis dramática de esta obra de Ismael Rodríguez no se basa en la resolución positiva de los conflictos, sino en el crecimiento de los personajes a pesar de ellos, y del retrato que se hace de tan fundada realidad. De hecho, lo que desde ojos externos puede verse atroz, parece natural y hasta cómico desde un punto de vista interno, lo que hace que escenas perturbadoras puedan tratarse con comedia y ligereza. La actuación de Fernando Soler es extraordinaria en ese sentido: su Cruz Treviño Martínez de la Garza es un verdadero patán, pero dadas su realidad, sus costumbres y su historia, no es un personaje desagradable, sino, de hecho, uno con el que es fácil empatizar.

Por lo demás, la película está llena de folclor mexicano: canciones, caballos, escenas de bar, cortejos a la antigua, y demás momentos ampliamente deleitables. Aunque Fernando Soler es la verdadera estrella, Pedro Infante hace lo propio, con entereza admirable, Andrés Soler da excelente soporte como el compadre de Cruz, y lo mismo hace Amelia Wilhelmy como la nana Agustina, única capaz de controlar medianamente a Cruz. La música de Raúl Lavista también parece burlarse de la ironía de retratar con comedia tanta crudeza. La segunda parte es No Desearás la Mujer de tu Hijo (1950).

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Dark Victory

Dark Victory

Director
Edmund Goulding
Year
1939
Rating
3.5 stars
Reviewed by
Gon Curiel a.k.a. Groucho
Review date
Friday, February 05, 2010

Dark Victory es melodrama llevado a mucho más por excelentes actuaciones, buenos valores de producción y algo de mesura en su guión (de Casey Robinson, basado en una obra teatral fracasada de George Emerson Brewer Jr. Y Bertram Bloch). En particular, es Bette Davis en el papel protagónico quien hace que 70 años después valga la pena escribir al respecto. Como acostumbro, no sabía mucho de la película que iba a ver, pero entendía que era digna de verse, y me fui llevando sorpresa tras sorpresa con el personaje de Davis, que empieza como una frívola joven de sociedad, se enfrenta a un horror que nadie merece, aprende el valor de la vida y la felicidad, y transforma su vida para aprovechar al máximo hasta el último momento. Por días, Bette no salió de mi mente. Al recordar la película, ella vuelve a mí con toda su fuerza.

El personaje que interpreta es Judith Traherne, quien, como dije, vive en la frivolidad de la alta sociedad. Judith es enérgica y no quiere perder ni un segundo sin divertirse en compañía de sus amigos o cabalgando, actividad que un día culmina en un accidente que preocupa a quienes la rodean. De un médico a otro, Judith no hace más que reírse de lo sucedido, y descartar toda preocupación, hasta que se enfrenta con la innegable realidad de un tumor cerebral que gradualmente opaca su visión y su vida. Judith huye de esta noticia y trata de deshacerla comportándose como si no pasara nada, pero estas cosas no funcionan así.

De ahí en adelante, ella vive una evolución interesante. Su mal no parece ser terminal, por lo que un médico famoso, Frederick Steele (George Brent), se ofrece a operarla, y consigue éxito moderado. Esta renovación da a Judith una nueva perspectiva y muchas ganas de amar, pero otra mala noticia está en puerta, y su manera de lidiar con ella la lleva a límites hasta entonces inexplorados.

Tendría que narrar cada giro de la historia para analizar al personaje, pero baste decir que la historia hace todo para provocar al espectador preocupación y tristeza, y dudo que lo lograría, si no fuera porque Bette es Bette, y cada vez que aparece se apodera de la escena entera, adopta un gesto de despreocupación o indiferencia, y oculta en sus ojos toda la angustia que nadie puede evadir en un caso así. Todos desvanecen ante ella, pero así debe de ser, y es un mérito de Brent, Geraldine Fitzgerald (como la amiga y secretaria de Judith) Humphrey Bogart y Ronald Reagan, entre otros.

Bogart es digno de mencionarse más a fondo. Su papel es en verdad ingrato para su talento y además parece fuera de lugar. Funge como catalizador de uno de los cambios de Judith y en ese sentido no está por completo desperdiciado, pero dado el poco espacio que obtiene, resulta poco convincente, a pesar de una excelente actuación. Tal vez estoy sesgado porque conozco a la perfección a Bogart y sé que después se convirtió en uno de los actores más infalibles de la historia del cine, pero así me pareció.

Otra aparición interesante, también por lo que sabemos de él a posteriori, es la de Ronald Reagan, que hace de un amigo de Judith que pasa el 90% del tiempo embriagado, lo que lo hace simpático, pero no mucho más.

Tras ver esta película, he oído en varias ocasiones referencias a ella en series de televisión y películas, y todas mencionan a Bette. Francamente, no hay mucho más qué recordar de este filme.

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El Estudiante

El Estudiante

Director
Roberto Girault
Year
2009
Rating
3 stars
Reviewed by
Gon Curiel a.k.a. Groucho
Review date
Friday, February 05, 2010

Oí, como todos aquí en México, que El Estudiante era la sensación y que había que verla. No sé, y creo que el director tampoco, cómo empezó todo, pero de un momento a otro ya era lo más infalible que ver en la gran pantalla de nuestro país. La recomendación de boca a boca fue imparable, yo mismo participé tras verla. Lo sorprendente es que la película no parece querer evadir los clichés, tiene el humor más blanco y el mensaje más conservador que recuerdo en tiempos recientes, y sin embargo, encanta. Ahora, claro, hay detractores, porque si no los hubiera, el mundo no sería mundo, pero me atrevo a decir que son los menos. Otros proclaman haberse aburrido, pero no pueden negar haberse conmovido en algunos momentos. Yo soy un cínico de primera, pero me dejé encantar y amé la película. Aquí estoy para recomendarla otra vez.

El protagonista de esta historia escrita por el director Roberto Girault, de la historia original de Gastón Pavlovich, es Chano, un hombre mayor que, tras el retiro, decide estudiar Letras en Guanajuato y con ello satisfacer una añeja cosquilla. Al entrar, recibe, como era de esperarse, el rechazo de sus lozanos compañeros, pero su actitud es buena y al poco tiempo consigue amistarse con ellos y compartir típicos momentos universitarios como el juego de dominó entre clases.

Ahora que me puse a revisitar las historias de los muchachos, me di cuenta más que antes de que son clichés con patas, pero su interacción con Chano sirve más para ilustrar valores que para entretener por medio de su desarrollo como personajes. Chano es como esos personajes de textos antiguos que iban por la vida diciendo y haciendo cosas que cambiaban las vidas de aquéllos a su alrededor, lo que en sí iba formando parábolas para el lector. La aventura de Chano en la universidad no es más que una gran parábola llena de otras más pequeñas, que ilustran valores positivos de la vida y retratan situaciones con las que es fácil identificarse, cuyo significado a veces conlleva más de lo que nos imaginamos al vivirlas.

Chano va por ahí haciéndola de cupido, narrando cómo eran las cosas en sus tiempos (lo que hace ver a algunos de sus amigos lo frívola que supuestamente se ha vuelto la vida en algunos sentidos), aleccionando a algunos malhechores y en general inspirando a sus compañeros a vivir un poco más a la antigua, con más amor y menos prisa, con entusiasmo y alegría, saboreando cada momento y haciéndolo valer.

Que las lecciones aprendidas funcionen como por arte de magia y que todo sea miel sobre hojuelas al final es, por supuesto, una fantasía que ya quisiéramos los que no vivimos en una película, pero eso no invalida el impacto de una cinta que pretende hacer pasar un buen rato y dejar algo en el proceso.

Las locaciones en Guanajuato son un aspecto valioso, tal vez porque exalta lo clásico e inmortal y a veces poco apreciado. También hay una símil con “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha” que, entre otras cosas, de tan potente, me inspiró a finalmente leer tan famoso libro (para mi sorpresa, me pareció accesible y divertido por demás, aparte de excelente, sobra decir). La música de Juan Manuel Langarica también toca fibras sensibles.

Las actuaciones de los jóvenes (Cristina Obregón, Pablo Cruz Guerrero, Siouzana Melikian, Jorge Luis Moreno y Cuauhtémoc Duque) rayan en lo tedioso al principio, pero conquistan muy pronto. Norma Lazareno, como la esposa de Chano, hace lo que debe de hacer. Pero es Jorge Lavat, enternecedor y apasionante en el papel de Chano, el que deja una huella imborrable.

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31 minutos, la pelicula

31 minutos, la pelicula

Director
Alvaro Díaz
Pedro Peirano
Year
2008
Rating
3 stars
Reviewed by
Gon Curiel a.k.a. Groucho
Review date
Friday, February 05, 2010

Desde que la descubrí por casualidad, me volví fanático de la serie chilena “31 Minutos”. Era un supuesto noticiario presentado por personajes de peluche o plástico, que trataba temas de sociología, medio ambiente y farándula con ligereza, sátira e inteligencia. No hizo falta más de una escena para darme cuenta de que el humor era profundo, exploraba temas serios y los presentaba con accesibilidad para chicos y grandes, por trillado que suene. Lo que es mejor, los personajes tenían historias propias y sus interacciones generaban una línea narrativa que sobrepasaba cada capítulo y convertía a la serie en mucho más que episodios aislados.

Tras disfrutar enormemente de las temporadas televisivas, acudí con emoción a ver la película que, si entiendo bien, conlleva el cierre de la serie (lo que, en mi opinión, debería ser imitado por muchas, cerrar cuando están en lo alto en vez de continuar y decaer irremediablemente). Como era de esperarse, aunque la verdad es que no esperaba que fuera tan grave, la película no me pareció digna de la serie que la inspiró. Esto, primero, porque trasciende las locaciones del noticiario y lleva a los personajes a una aventura alrededor del mundo, lo que genera nostalgia de lo que conocemos tan bien y donde nos sentimos tan a gusto. Segundo, porque procura evolucionar a los personajes hasta límites desconocidos que en cierta forma traicionan su esencia. Y tercero, porque al hacer las dos cosas anteriores, pierde segmentos claves para la ligereza y mordacidad de la serie.

Al notar que ésta era la situación, decidí olvidarme de mis expectativas y de lo mucho que había disfrutado de tantos capítulos, y disfrutar la película simplemente por lo que era, y no resultó difícil.

La historia consiste en que uno de los personajes, el “floor manager” Juanín Juan Harry, cae en la trampa diabólica de una coleccionista de animales exóticos, Cachirula de los Cachirulos, y se encuentra “voluntariamente” preso en su isla supuestamente paradisíaca que en realidad es una “jaula con barrotes de oro”. El conductor y jefe del noticiario, Tulio Triviño, se siente responsable de lo sucedido a Juanín, y junto con su periodista estrella (y consciencia) Juan Carlos Bodoque, convoca a todos los trabajadores del programa para rescatar a su compañero.

Desde el trayecto hasta el rescate y la resolución, la aventura está llena de emociones, risas y momentos emotivos, que más procuran, como dije, humanizar a los personajes, que explorar ese humor afilado de la serie. El resultado es satisfactorio por un lado y trillado por otro. Concluyo esta evaluación diciendo que la película es buena, pero hasta ahí, porque tal como es, y sin neciamente compararla con la serie, compite con otras del estilo, y no es mucho mejor que ellas.

Ahora que, volviendo a la comparación con la serie, le hacen falta canciones, momentos fuera de lugar (aunque el de los hombres fuertes es excelente), y uno de mis personajes favoritos, Calcetín Con Rombos Man, con cuyo actor no se llegó a un acuerdo, supongo. La humanización de Tulio resulta imposible de creer, por lo que Bodoque se lleva las palmas al mantenerse coherente y con comentarios, como siempre, tan atinados. (Uno de los mejores momentos de la película presenta un flashback de la amistad de éstos en su infancia, cuando conocieron a Juanín.) Los otros personajes aportan buenas dosis de diversión, aunque Juanín, al ser tan promisorio, aturda un poco. Cachirula, que hace su aparición, complace.

Muchos son los actores de voz y todos hacen un trabajo brillante. Álvaro Díaz y Pedro Peirano, creadores de la serie, se lucen con sus valores de producción y su ilimitada pasión por su obra. Aplaudo el esfuerzo y aunque creo que la película no corona a la serie, la acompaña bien y produce lo inicialmente buscado: un buen rato.

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