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Inventario de mi cuarto 2.71 - Preparatoria Riverdale
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Tuesday, November 30, 2010

De niño nos compraban a mi hermana y a mí comics que nos entretenían durante horas. Eran las versiones en español de famosas historietas estadounidenses, tales como Supermán, El Pájaro Loco, La Pantera Rosa, El Conejo de la Suerte o Archi. Desgraciadamente en la adolescencia tiré todos los que conservaba, estúpida decisión que además afecta a este inventario pues sería divertido remembrarlos.
Recuerdo que mientras que a mí me fascinaba, por ejemplo, La Pantera Rosa (donde, a diferencia de la caricatura, el personaje hablaba e igualmente vivía comiquísimos enredos), mi hermana se desvivía por Archi, al que yo encontraba aburridísimo. Sin embargo, como suele suceder a los hermanos menores, no contuve la curiosidad por mucho tiempo y un día me puse a leerlo con atención, y cuál fuera mi sorpresa al encontrarlo simpatiquísimo e irresistible.
Ya más grande, incursioné en los comics originales en inglés y todos los que compré, los conservé. Archie fue uno de mis grandes favoritos, el único de los que compraba que no era de superhéroes. Sus aventuras me resultaban simpatiquísimas y muy amenas, daban ganas de ser parte de la Preparatoria Riverdale y ser amigo de Archie y los demás.
Un sueño me lo hizo realidad. De tal enajenación tras un fin de semana entero de leer las aventuras de estos personajes, soñé, de domingo a lunes, que al llegar a la escuela, me encontraba no a mis compañeros habituales, sino a unos más coloridos, sonrientes y simpáticos: Archie y sus amigos, Veronica, Betty, Jughead (Torómbolo), Dilton, Moose, etc. De pronto descubría que mi escuela no era la de siempre tampoco, sino la de Riverdale, con todos sus profesores y su famoso director. Nadie parecía saber que vivíamos en un cómic, solo yo podía apreciarlo, y al verme al espejo, me encontraba con una versión mía de caricatura, con amables rasgos y perpetua sonrisa. La sonrisa no era por ser caricatura, sino por ser feliz con este giro de mi vida.
Cuando Archie y los demás me daban la bienvenida, lo hacían felices, dispuestos a ser mis amigos, incluso lo hacía Reggie (Carlos), el pesado del grupo. Surgía entonces una chusca aventura de confusiones y triángulos amorosos, y al final de ella, yo era ya uno más, parte del grupo, leído por millones de niños y jóvenes que, como yo, encontraban su vida insulsa y deseaban formar parte de algo más, algo como lo que Archie ofrecía, una promesa de amistades, aventuras y ligereza en el día a día, sin los sinsabores y las ansiedades de un adolescente real, como la que yo vivía.
El sueño me hizo creer que algún día pertenecería a un grupo así, y mi sueño se cumplió años después, en el grupo de quienes ahora llamo mejores amigos. La espera valió la pena.
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Inventario de mi cuarto 2.70 - Experiencia virginal
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Monday, November 29, 2010

Estas revistas que durante años compré religiosamente fueron parte de mi formación como cinéfilo aunque nunca las disfruté en realidad. Ahora entiendo que la razón es que la farándula como tal y los proyectos cinematográficos a futuro no me apasionan. Lo que me fascina es el arte que existe, y entonces sí, conocer cómo fue hecho. El proceso creativo me resulta lo más intrigante de la humanidad, pero no cuando se habla, por ejemplo, en cine, de qué actores participarán en una cinta o quién la dirigirá, sino de quién la escribió, cómo la fraguó, por qué se eligió a cada actor para cada personaje, cómo se escogieron y arreglaron las locaciones, quién la fotografió, etc. Generarme expectativas me llevó a demasiadas decepciones, tantas que llegó un punto en que me alejé del cine contemporáneo y me aboqué a conocer y disfrutar el clásico.
Entonces descubrí que el problema era la publicidad. El medio del cine es tan masivo que su publicidad está en todas partes e incluye posters, avances, entrevistas, y sobre todo, lo transmitido de boca en boca. Cada una de esas cosas contiene elementos que anticipan no solo el resultado sino la historia, es decir, revelan parte de la trama. Sonaré exagerado, pero es verdad: un póster en que aparece una pareja besándose revela que esa pareja se besará en la cinta; uno en que aparece alguien peleando revela que peleará, uno en que aparece alguien disparando revela que disparará, y así sucesivamente.
Más aún, los cortos o trailers anticipan muchas escenas que pertenecen al segundo o tercer actos, y a veces hasta a la última escena de la película, lo que definitivamente arruina la sucesión de eventos que llevan a esos momentos en ella. Cuando me di cuenta de todo esto, dije “No más”, dejé de leer artículos, ver cortos, ver posters, escuchar comentarios, leer críticas, etc. Decidí que mi experiencia cinematográfica sería, en la medida de lo posible, virginal. Inició entonces una increíble aventura.
Cerré ojos u oídos a partir de ese día al toparme con cortos, volteé a otro lado al encontrar algún póster y pedí a la gente que no me contara sobre películas que no había visto. Llegó un punto en que todo lo que había leído sobre proyectos futuros se hizo realidad y empezó la gloriosa época que aún vivo, en que cada película que se estrena es desconocida para mí.
Dos consecuencias tuvo mi decisión:
La primera, que disfruto las películas más que nadie. Entro sin saber género y trama, y muchas veces también reparto o gente de detrás de cámaras. La historia se va desenvolviendo frente a mí como algo totalmente inesperado y es un éxtasis dramático.
La segunda, que la gente a mi alrededor me considera completamente loco e insoportable. Muchas veces llegan a contarme emocionados sobre una película que vieron y los callo, a veces violentamente, para evitar que me arruinen la trama. Otras veces invito a alguien al cine y se sorprende al ver mi concentración para evitar posters y cortos. Yo solo explico que así es mejor, tanto que no podrían imaginarlo.
Por mi parte, solo lamento la cantidad de películas que vi conociendo de antemano puntos clave de la trama, e invito a todos mis lectores a imitar mi actual estilo de vida. Las recompensas son incalculables.
Nota: Si alguien está interesado en estas revistas, pídalas y se las regalaré. De lo contrario, las tiraré al terminar el inventario.
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Inventario de mi cuarto 2.69 - Extraterrestres
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Thursday, November 25, 2010

Éste es el autorretrato que Mast, un extraterrestre, hizo durante su visita a nuestro planeta. Con quien primero me comuniqué fue con su hermana, Mira (o Myra, nunca estuve seguro de cómo se escribía), cuya línea telefónica se cruzó con la de mi casa a pesar de vivir en planetas distintos y por demás lejanos. Incrédulos al principio, platicamos para asegurarnos de que ninguno de los dos engañaba al otro y, una vez confiados, descubrimos el causal de las líneas cruzadas —un tecnicismo del lado de ella— y encontramos la forma de repetir la llamada en otras ocasiones.
Fue así como inició nuestra amistad. La avanzada tecnología de su planeta me resultaba fascinante, igual que a ella lo primitivo del mío. Charlábamos durante horas y nos empezamos a conocer mejor. Un día, Mira me confesó que contaba con un dispositivo que nos permitiría conocernos en persona, aunque no directamente sino por medio de un intercambio: alguien de aquí podía irse para allá y alguien de allá venir para acá, intercambiando cuerpos durante el viaje. Su hermano, Mast, mayor que ella, tenía curiosidad de conocer nuestro planeta, por lo que accedió a intercambiarse conmigo. Después de una larguísima conversación con él en que nos dijimos todo lo relevante para poder reemplazarnos mutuamente, hicimos el viaje.
Mi estancia allá fue inolvidable. El planeta era por demás avanzado y colorido. La gente era de un tono azul verdoso, pero antropomórfica después de todo. Los coches viajaban a gran velocidad, pero no volaban sino que recorrían tubos que saturaban la ciudad y le daban un toque único y espectacular. Los edificios tenían una arquitectura admirable e integral los unos con los otros, sin dejar de ser únicos. Mira fue una gran anfitriona, nos hicimos grandes amigos mientras me guiaba por toda su ciudad, riendo frecuentemente de mis ojos tan abiertos al conocer cada cosa.
Mientras tanto, Mast, que ocupaba mi cuerpo y fingía ser yo, se maravillaba a su vez con lo anticuado de todo lo de acá, lo analizaba y estudiaba y agradecía mucho la oportunidad de conocerlo. En alguna ocasión tuvo tropiezos al no saber qué responder a cosas que le decían mis amigos o mi familia, pero en general salió avante. El viaje solo duró dos días, durante los cuales, Mast dibujó el autorretrato que aquí inventarío.
Eventualmente, el truco con que Mira pudo comunicarse conmigo fue descubierto por sus padres y le prohibieron establecer más contacto conmigo. En su planeta sabían perfectamente de nuestra existencia pero no nos creían listos para conocerlos a ellos y tenían razón. Fue rara y muy buena suerte la mía la de haber sido la persona con quien se comunicó Mira por accidente.
Todo esto se lo fui narrando, con toda la convicción con que lo hice aquí, a Paula, la muchacha que trabajaba en mi casa durante mi infancia. Yo habré tenido unos 11 ó 12 años y ella acaso 20. Incrédula y curiosa, quiso participar en las llamadas con Mira, y logré arreglármelas para ello: ella en un cuarto, yo en otro, ella en una línea, yo en otra, yo fingiendo la voz de Mira, fácil tarea para un niño, ella creyéndolo todo, impactada y feliz. Era un secreto que debía guardar celosamente, le dijo Mira, pues de lo contrario, arriesgaríamos el balance del universo. Paula tenía un novio que le pedía dinero y no le pagaba, y Mira la convenció de dejarlo para siempre. Feliz y agradecida por ello, estuvo complacida de recibir a Mast cuando éste visitó nuestro planeta en mi cuerpo, y lo trató como rey. En realidad, actué muy bien, y entre otras cosas, copié una ilustración de Hulk a manera de autorretrato. Ser Mast me gustó tanto que pensé prolongar el viaje, pero era extender demasiado la credibilidad.
Cuando Mira anunció que tendría que terminar la comunicación con nosotros, Paula lloró. A partir de entonces y hasta el día en que se fue de mi casa, me pidió diariamente ver el autorretrato de Mast, que yo conservé.
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Inventario de mi cuarto 2.68 - Solitario feliz
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Wednesday, November 24, 2010

En el 2005, me enteré que la American Films Institute, famosa por sus listas de lo mejor del cine estadounidense, anunciaría lo mejor en música original por medio de un concierto en el famoso Hollywood Bowl. Comenté con una amiga lo mucho que me gustaría asistir y ella me preguntó por qué no lo hacía. Es de esas cosas que jamás hace uno, pero esta vez dije “¿Qué diablos?” y compré boleto de avión, hospedaje y, desde luego, localidad para el concierto. Fue un gastazo absurdo pero no me importó.
En los últimas dos entradas del blog he hablado de la soledad que se apoderó de mí a la mitad de mis veintitantos, y aquí reitero eso, pero con un enfoque más o menos positivo. Viajé y me hospedé solo en un hotel de lujo y me sentí relativamente feliz. Me encontraba optimista al respecto de la vida y creía que eventualmente compartiría con alguien especial todo lo bueno que experimentaba. Hollywood despertaba en mí esa ilusión de escribir y crear, cosa que ahora hago. Desde la alberca del hotel —sí, nadé solo— podía ver el letrero de “Hollywood” y me sentí muy afortunado de tener esa oportunidad.
El concierto fue especial. Iban revelando a las ganadoras de atrás para adelante y las tocaban en vivo mientras proyectaban imágenes de cada película en pantalla gigante.
Resultó que mi boleto era de un palco ocupado por un grupo de gente divertida y alocada, en su mayoría mayores que yo, solitarios casi todos, fanáticos del cine y amantes de la música. Fue una noche climática para nosotros al ir adivinando la película que seguía y apostar al respecto de la ganadora. Llevaban quesos y vinos que me compartieron. Fue una verdadera exquisitez de velada.
Bien podrían habernos cantado la canción de “Eleanor Rigby” pero con un arreglo esperanzador. Me jacté de ser, al igual que ellos, un solitario feliz.
Mi reportaje original del evento y la lista de las ganadoras está aquí:
The Big Picture-AFI's 100 Years of Film Scores
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Inventario de mi cuarto 2.67 - Alegria y tragedia
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Tuesday, November 23, 2010

A la boda de mi amigo Víctor, que fue en Tequesquitengo, Morelos, asistí con gran alegría por él, su matrimonio con Bárbara era muy esperado y feliz, pero con gran tristeza por mí, que no encontraba la paz mental y vivía torturado por ello. Fui solo pero encontré muy pronto con quién convivir durante la fiesta, bailé, bebí y reí sin parar, pero a pesar de todo, mi borrachera acabó triste y desolada. Lo pasé bien pero regresé al día siguiente al D.F. con tanta tristeza en mi corazón que pensé que no había nadie más desafortunado que yo. Me sentí protagonista de una tragedia sin fin y me refundí en mi cuarto a hacer lo único que me animaba: ver episodios de “Seinfeld” sin parar. Al fin podía reír al contemplar la vida ideal de mi personaje favorito de televisión, que era capaz de evadir las convenciones sociales sin sufrir en el proceso.
En medio de mi asqueroso éxtasis de ególatra tristeza, recibí la llamada más inesperada posible: la de mi amigo Víctor, que se había casado el día anterior. ¿Por qué me llamaba?, me pregunté. ¿Acaso había yo hecho algo indebido en la boda? El alcohol puede ser un ingrato enemigo, de eso no cabe duda. Contesté con gran curiosidad y escuché su voz como de ultratumba: “Te tengo una pésima noticia”, dijo. “Mi papá acaba de fallecer”.
Así fue: el señor, una de las personas más cálidas y amenas que jamás conocí, había muerto de un infarto en la madrugada después de la boda. Asistí al velorio y presencié lo que nunca había imaginado: un desfile de caras tristes que el día anterior eran felices. Platicando con el papá de Bárbara al respecto de las tragedias inesperadas de la vida, comprendí que la mía era inexistente.
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Inventario de mi cuarto 2.66 - El primer divorcio
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Monday, November 22, 2010

Durante un tiempo conservé todas las invitaciones de boda que recibí, pero pronto perdí la costumbre. Sin embargo, afortunadamente para este blog, entre un par que conservé, está ésta. Su distinción es que corresponde a la primera boda a la que asistí que concluyó en divorcio.
Es de mi amiga Marianna, “La Chapis” (ver:
Inventario de mi cuarto 2.34 - Sorpresa). Llevaba tiempo sin verla. Tuve durante una época una crisis en que no pude tolerar la vida que llevaba. Mis amigos incondicionales me resultaron insoportables de pronto, no por ellos sino por mí, y me distancié sin dar explicación. No contesté más llamadas y evadí sus invitaciones hasta que dejaron de llamarme. Esto fue cuando tenía veinticuatro años.
Un día, me habló la Chapis, que era tres años menor que yo, para decirme que iba a casarse. Yo apenas había conocido a su entonces novio una vez antes de distanciarme y estaba sorprendido con la noticia pues no llevaban tanto tiempo juntos. La razón: se había embarazado.
Aún estaba a tiempo para reencontrarme con mis amigos y así lo hice. Fue importante para mí ese momento pues me di cuenta de lo desubicado que estaba en ciertas cosas de la vida y decidí acudir a un Psicólogo que me ayudara a entenderme mejor. Con algunos de mis amigos ya nada fue igual pero con la mayoría sí. El futuro esposo de la Chapis me pareció un tipo fenomenal y asistir a su boda fue un honor.
Nos seguimos llevando hasta el fin. Su hija nació y empezó a crecer, e hicimos costumbre vernos en el departamento de ellos todos los fines de semana. Eran buenas fiestas. Amigos de él se convirtieron en grandes amigos míos.
Eventualmente, anunciaron que se mudarían a Francia. Todo parecía felicidad, pero una vez allá, no pudieron sostener su relación y finalmente estallaron. En medio de un gran pleito, ella decidió regresar a México.
Su separación sería definitiva aunque estaba embarazada otra vez.
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Inventario de mi cuarto 2.65 - Triunfos y derrotas
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Friday, November 19, 2010

No recuerdo en qué momento de mi infancia mi papá compró estos dos juegos. Pronto me enseñó las reglas del ajedrez, juego que adoré durante un tiempo aunque luego decidí que jamás sería experto y me desinteresé. En algún punto adquirimos un libro donde Garry Kaspárov enseñaba las técnicas que lo habían hecho campeón, pero jamás lo hojeé siquiera. Por otra parte, el backgammon nunca me gustó gran cosa.
Sin embargo, los conservé, y muchos años después, llevé ambos a casa de alguien muy importante para mí. Los juegos se quedaron ahí durante meses y jugábamos durante horas, no ajedrez ni backgammon, sino damas inglesas, con las fichas de uno y el tablero del otro. Era mi adversario una mente brillante, por lo que siempre perdí en su contra, aunque me agarré de buenas rachas, un par de victorias consecutivas, para proclamarme ganador supremo y alegar que había tenido más triunfos que derrotas. Con ello, contrarié e hice reír. Cada risa suya era más importante para mí que todos los triunfos en cualquier juego.
Fueron buenos tiempos.
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Inventario de mi cuarto 2.64 - Memoria
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Thursday, November 18, 2010
No soy un caballero. Sí tengo Memoria.
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Inventario de mi cuarto 2.63 - Metropolis
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Wednesday, November 17, 2010

La ocasión de ver una película clásica en cine se debe aprovechar sin dudarlo. Recuerdo cuando tuve oportunidad de ver
City Lights (1931),
Rebel Without a Cause (1955) y
The Wild Bunch (1969), entre otras: momentos memorables. Así que cuando supe que darían
Metropolis (1927) en el Auditorio Nacional de la Ciudad de México, corrí a comprar mi boleto.
La verdadera razón del evento era la música en vivo que tocaría el grupo electrónico francés Art Zoyd durante la cinta, pero eso, para mí, era lo de menos. Había visto la película en diferentes versiones: una muy antigua, sin música; una más moderna, con música arcaica; y la versión coloreada de 1984 en que Giorgio Moroder puso sus propias canciones como música de fondo.
Justo ese día, tuve mucho trabajo y salí tardísimo de la oficina. El tráfico en Paseo de la Reforma estaba como nunca de pesado, quizá en parte por el mismo evento, que se llenó. Llegué justo a tiempo y emocionadísimo por revivir la trágica historia futurista de Freder y Maria que tanto he amado siempre. La experiencia fue extasiante, la música de Art Zoyd absolutamente perfecta y en gran sincronía con las imágenes, y la pantalla de mucho mayores dimensiones que las de los cines convencionales.
Salí con la mente dando vueltas a toda velocidad y noté que un reportero de Televisa entrevistaba gente. Ansioso por conseguir una aparición en TV, empecé a rondarlos descaradamente para ser elegido, pero me ignoraron en cada intento. Finalmente, decidí de plano ir a pedirles que me entrevistaran, y lo hicieron.
Hablé largo y tendido de “Metropolis”, de cómo sufrió ediciones y pérdida de escenas, de cómo circulan por el mundo diferentes versiones, de las diferentes ocasiones en que se le ha puesto música y color, y de lo que significaba para mí estar ahí: “Una experiencia inolvidable”.
Días después, apareció el reportaje en televisión. El reportero que me había entrevistado, Fernando Bañuelos, abordaba el tema de “Metropolis” diciendo absolutamente todo lo que yo le dije, con las mismas palabras. Al final, presentaban la opinión de algunos espectadores, entre otras la mía, “Una experiencia inolvidable”. Le ahorré la chamba.
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Inventario de mi cuarto 2.62 - Reprobado
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Tuesday, November 16, 2010
Quinto de Preparatoria fue el año en que decidí ser vago en la escuela, y sí que lo cumplí. Aquí una prueba que conservo:

La coordinadora de grupo, llamada Fina, tuvo a bien subrayar mis reprobadas de los últimos dos meses, pero para efectos ilustrativos circulé también las reprobadas anteriores. Nótese el 1.6 en Historia de México el segundo mes: mi más grande “éxito”.
Favor de notar también el último renglón, “Lugar general”. En el grupo éramos 40, y algunos de mis amigos y yo competíamos por estar más abajo. El mismo mes en que saqué 1.6 en Historia de México, obtuve el peldaño más cercano al fondo: 39. Jamás pude vencer a Pedro Méndez.
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Inventario de mi cuarto 2.61 - Henry
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Friday, November 12, 2010
Confieso que en la Universidad no puse mucha atención en clase. Eso, cuando iba a clase. Aunque terminé la carrera con buena calificación, hice hasta lo imposible por evitar la escuela, las tareas y el estudio, a menos que fuera absolutamente necesario. Eso sí, puse mucha atención y fui de los mejores estudiantes en las materias clave para mi profesión, no así en las que consideré “de relleno”, que eran mayoría.
En una clase “de relleno” a la que era obligatorio asistir, empecé a dibujar, como ha sido siempre de mi agrado, un comic, y mi amigo y en ese momento vecino de lugar, Sebastián, me vio hacerlo. Juntos desarrollamos a Henry, personaje trágico-cómico que tiene pésima suerte. Lo pensamos como tira cómica (Sebastián era fanático de “Calvin & Hobbes”, yo de “Mafalda”). Aquí está la hoja en que nació el personaje y sus primeras tiras hechas por mí:

Sebastián hizo las propias y fueron excelentes. Espero que él las conserve y me las envíe para publicarlas aquí. Empezamos una batalla que continuaba cada clase. Soñábamos con que Henry triunfara algún día y nos hiciera millonarios.
Aquí otras de mis tiras:

Y otras más:

De tan desafortunado, Henry murió ahí. ¿Renacerá?
Nota: Sebastián protagonizó
Inventario de mi cuarto 2.5 - Reloj que impide el descanso
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Inventario de mi cuarto 2.60 - Dos versiones del Pajaro Loco
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Thursday, November 11, 2010
De niño me encantaba dibujar. Sigo haciéndolo a veces pero sin seriedad alguna, por lo que no he perfeccionado mi habilidad, aunque sé que podría si me dispusiera a ello. Aquí mis dos versiones del Pájaro Loco, amado personaje que tuvo, en su encarnación original de Walter Lantz, dos facetas: una alocada y una seria. A manera de homenaje, modernicé, según esto, al personaje en ambas facetas, y éste fue el resultado, aunque como se ve, la versión seria jamás fue terminada (un clic agranda las imágenes):

Ofrezco mis servicios de dibujante. Informes aquí.
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Inventario de mi cuarto 2.59 - Las Aventuras de Super Keninghur
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Wednesday, November 10, 2010
Cuando tenía 12 años, en 1° de Secundaria, me hice amante de los comics, y como buen niño que era aún, quise imitarlos, por lo cual creé al personaje de ¡Super Keninghur! (me río aún al recordar su nombre). Super Keninghur era en realidad Marvin Stinghur, habitante de Ciudad Lógica y paladín de la justicia en sus ratos libres. Su archienemigo era Human Smasher. Veamos su primera y durante años única escena (un clic agranda la imagen):

Mi primer lector era mi mejor amigo de ese entonces, Pablo, quien aplaudió el esfuerzo y tuvo a bien empezar a colorear el traje de Marvin, tarea que vio truncada cuando arranqué el comic de sus manos, citando diferencias creativas. El resto de mis compañeros leyeron también el comic, lo aplaudieron e incluso lo parodiaron.
Dos años después, ya en otra escuela, tuve nostalgia por mi personaje y lo recreé, en un comic de mayor calidad pero también inconcluso. Ahora Marvin cambiaba de profesión y era más cómico. Sin embargo, su eterna lucha contra Human Smasher seguía vigente. Aquí comparto las dos primeras páginas de ese edición, y últimas de tan ilustre superhéroe:


El mundo está a salvo otra vez, pero… ¿por cuánto tiempo?
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Inventario de mi cuarto 2.58 - La carta misteriosa
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- Tuesday, November 09, 2010

Hace unos siete años recibí esta carta. Depositaron el sobre en el buzón de mi casa directamente, es decir, no usaron el servicio postal. Tenía mi nombre escrito a mano con bella letra y un elegante sello de cera del otro lado.

Lo abrí con cuidado, con ayuda de un abrecartas, y saqué un papel con este críptico texto.

Sigo en espera de noticias. Sí estoy dispuesto.
Actualización: Apenas publiqué esta entrega, apareció la responsable con una explicación. Lean los comentarios a continuación para conocer la respuesta.
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Inventario de mi cuarto 2.57 - A fumar, joven
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Monday, November 08, 2010

Para mi sorpresa, el
estuche con mi nombre contenía algo que no recordaba: cubiertas conmemorativas de cajetillas de edición limitada de cigarros Camel.
La primera vez que fumé, fue de niño, tendría unos 10 años, varios amigos y yo fuimos a comprar unos cigarros y los consumimos en un terreno baldío. Fue asqueroso.
Volví a fumar dos años después, con mi mejor amigo de 1° de Secundaria, llamado Pablo, en su casa. Sus papás nos cacharon y amenazaron con acusarme con mis papás. Negocié (rogué) que me dejaran decirles yo. Nunca lo hice.
No volví a fumar hasta 1996, a los 16 años, en el Estadio Azteca, en un juego de México contra El Salvador, donde un amigo me ofrecía un cigarro cada que México anotaba. Para evadirlo, acordé que si México goleaba 4 veces —lo que sonaba improbable—, fumaría. Cuando cayó el cuarto gol, fumé mi primer cigarro, no sin emoción, he de decir. Era un Marlboro. Me volví muy adicto y poco después cambié a Camel, pues los encontraba de mejor sabor.
En el 2000 entré a trabajar a una empresa llamada Recol, donde cambié a Marlboro Lights, pues nos dejaban fumar en nuestros lugares (el paraíso de los fumadores y el infierno de los no fumadores) y mi compañero de cubículo, Víctor, gran amigo a la fecha, fumaba de ésos y me regalaba los que le pidiera, lo que me resultaba muy ahorrativo.
En el 2001 tuve una gran decepción amorosa y aproveché mi hastío para dejar el cigarro. Recuerdo cuando fumé el último, justo se acababa la cajetilla de camino a mi oficina y dije “Éste es mi último cigarro”. En efecto lo fue, al menos por años.
Cuatro años después, en el 2005, regresé. Había entrado meses antes a un nuevo trabajo, donde había muchos eventos sociales y todo el mundo fumaba. Simplemente se me antojó y volví a fumar. Empecé con Marlboro Lights otra vez, luego cambié a Camel y de regreso a Marlboro Lights. En ocasiones fumaba Alitas, que siempre me gustaron por ser cigarros más reales, menos procesados. Finalmente cambié a Marlboro rojos, pues tuve una novia que fumaba sin parar y era más práctico que consumiéramos la misma marca.
Tiempo después de que corté con ella, me di cuenta de que estaba fumando más que nunca, en parte por la gran ansiedad que me provocó ese rompimiento, y decidí dejarlo. Eso fue hace casi un año y no tengo ninguna intención de regresar.
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Review
My Left Foot: The Story of Christy Brown
- Director
- Jim Sheridan
- Year
- 1989
- Rating

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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
- Review date
- Sunday, November 07, 2010
Lo más trascendente de
My Left Foot es la actuación de Daniel Day-Lewis, que puso en el mapa a este excéntrico actor de método, famoso por compenetrarse en sus personajes hasta un grado radical, casi enfermizo. En el caso de Christy Brown, escritor y pintor de la vida real cuyo parálisis cerebral solo le permitía mover con buen dominio su pie izquierdo, Day-Lewis pasó una buena cantidad de tiempo con gente en condiciones similares, y luego simuló ser uno, al grado de no salir de la silla de ruedas durante el rodaje, ni siquiera entre toma y toma. Hay quien dice que llevó su método a tal grado que necesitó tratos y cuidados especiales. Quizá sean sensacionales exageraciones, pero el resultado es tremendo: no hay duda que Christy Brown, a quien vemos en pantalla, verdaderamente sufre de una frustrante parálisis, pero lleva dentro un espíritu de lucha tan desesperado por salir de su incapaz coraza que se dedica a cruzar fronteras que nadie pudo imaginar.
En segundo lugar (segundo solo por cuestiones de edad y tiempo en pantalla), hay que mencionar a Hugo O’Conor, joven actor que interpreta a Brown de niño. La primera característica que hace su actuación memorable es su gran parecido físico con Day-Lewis, que ayuda a la actuación de éste a destacar entre las mejores de la historia por darnos la sensación de que un solo actor interpreta al protagonista durante toda la película. Ciertamente, O’Conor es en ocasiones
mejor que Day-Lewis, si hubiera que compararlos, aunque también es fácil decirlo porque la etapa del personaje que el chico interpreta es la de mayor lucha física y más angustiante frustración.
Christy Brown nació y creció en una época en que se consideraba retrasados mentales a la gente con parálisis cerebral. Su familia irlandesa de clase trabajadora no dio la espalda al chico, pero tampoco lo apoyaron, de entrada, como era debido. Fue así como él hizo un esfuerzo por demostrar su inteligencia, hasta el glorioso momento en que consiguió comunicarse por medio de su pie izquierdo, única parte del cuerpo que fue capaz de amaestrar en su totalidad.
Sus padres son interpretados por Ray McAnally y Brenda Fricker, ambos impresionantes, él como un hombre amoroso pero monstruoso, que se ha roto la espalda toda la vida y ha sucumbido al alcohol como parte de su miseria, ella como brillante administradora de su numerosa familia, cariñosa madre que no permite la injusticia, particularmente de parte de su esposo. Dada la evolución de su personaje, Fricker brilla al lado de Day-Lewis, con quien comparte escenas por demás conmovedoras.
Con gran atención a detalle y época y una buena música de Elmer Bernstein,
My Left Foot es, como tantas películas de Jim Sheridan, una oda a su amada Irlanda y a su gente.
Basada en la autobiografía de Brown, la historia está enmarcada por una secuencia en que éste es cuidado por una enfermera, quien lee el libro que él escribió (“My Left Foot”) y recibe los constantes coqueteos del ya famoso Christy. Por medio de esas escenas, que enriquecen lo narrado en el libro, vemos a Brown como un hombre obstinado y necio, casi como niño, que no por incapaz en ciertos aspectos se conformará con obtener menos que los demás. Dada su constante lucha y los logros que ha obtenido, este hombre destacó más que cualquier otro en su familia y se convirtió en alguien de tanto peso que no solo obtuvo respeto, sino en ocasiones hasta miedo. De tal fuerza de voluntad, Brown se volvió difícil y hasta insoportable acaso, pero magnético.
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Inventario de mi cuarto 2.56 - Estuche con mi nombre
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Saturday, November 06, 2010

En una época de mi infancia, se pusieron de moda en mi familia estos estuches personalizados que hacía a mano mi tía Fina, que es mi madrina y hermana de mi mamá. Lo conservo pues literalmente me acompañó en todas las etapas escolares de mi vida con los siguientes resultados:
- En Primaria me hizo popular y envidiado.
- En Secundaria me provocó burlas y una buena golpiza, además de que fue lanzado por la ventana, tras lo cual tuve que ir a recuperarlo al patio, donde ya lo había pescado un niño de Primaria llamado Gonzalo, quien creía que era un regalo caído del cielo y a quien tuve que arrebatárselo de mala forma.
- En Preparatoria ni pensar en usarlo.
- En la Universidad me aventuré a llevarlo y de nuevo me ocasionó popularidad.
Ahí lo tengo guardado y ahora que lo saqué para inventariarlo, encontré que contenía algo. De eso hablaré en mi próxima entrega.
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Inventario de mi cuarto 2.55 - Cruz de navajas
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Friday, November 05, 2010

Mi primer noviazgo más o menos duradero fue con Marcela, en mi primer año de Universidad. Fue una relación tormentosa pero por demás significativa, que acabó en una traición de mi parte por la que apenas diez años después ofrecí disculpas. Estuvo en mis pensamientos durante todo el tiempo que estuvimos juntos y hasta años después. La satanicé, la amé, la odié, la maldije, la culpé de todos mis males y finalmente la convertí en el tótem de mi propia problemática. Constituyó gran parte de las razones por las que me costó tanto trabajo involucrarme con alguien más.
Como suele suceder en las relaciones conflictivas, los buenos momentos eran extraordinarios y muy intensos. A veces había cursilería desmedida, como cuando acatábamos ciertas reglas no escritas de los noviazgos de nuestra sociedad. Una de ellas, por ejemplo, consistía en regalarnos mutuamente cruces con nuestros nombres grabados.
Conservo la cruz que ella me regaló, ahora muy oxidada, y aprovecho para mostrar una fotografía de ese entonces, con mi familia, en que traía puesta la cruz. Esa Navidad la pasé en Cuernavaca y recuerdo perfectamente que conté a mi prima Cecilia lo triste que estaba de que las cosas con Marcela fueran tan difíciles. Apenas llevábamos tres meses juntos.
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Inventario de mi cuarto 2.54 - Cartas de Pepe
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- Thursday, November 04, 2010

Y ya que hablamos de
cartas, qué decir de mi correspondencia con mi primo Pepe. Él y su familia se mudaron a Guadalajara cuando éramos niños y de tan estrecha relación que teníamos, apartarnos fue una desgracia. Nos veíamos dos o hasta tres veces al año, pero nunca era suficiente. Muy pronto empezamos a intercambiar correspondencia y fortalecimos el hábito perpetuamente. A la fecha mantenemos comunicación constante por e-mail, aunque claro, la modernidad nos permite estar en contacto con mucha más facilidad que en aquellos tiempos, por lo que nuestra comunicación es más ligera y eventual.
En esos entonces, la dinámica consistía en esperar semanas o meses a la siguiente carta, recibirla con gran emoción, devorarla, responderla con tanto detalle como fuera posible, enviarla y volver a esperar. En un principio eran cosas de niños, pero cuando empezamos a crecer, nos narrábamos a detalle nuestras vidas sociales y absolutamente todo lo que ocurriera en ellas. Las crónicas eran tan detalladas que dominábamos a la perfección quién era quién en la sociedad del otro. Reconozco que esto fue algo inusual, pero por demás afortunado, pues aparte de todo lo positivo de mantener una relación tan estrecha, en mi caso motivó los hábitos de lectura y escritura que ahora me llenan de energía.
Las cartas se convirtieron en libros. Eventualmente tuvimos que cambiar de sobre pequeño a sobre grande, como se ve en la foto. Cada carta no tenía menos de 40 páginas impresas, con tamaño de letra 10 como máximo y espacio sencillo, es decir, prácticamente una novela completa cada vez. Recibir la carta era perder el resto del día leyéndola, aunque lejos de perder el día, era vivirlo con mucha más intensidad. Estoy seguro de que ambos empezamos a vivir la vida del otro en nuestras mentes, y también creo que ambos embellecimos o enriquecimos nuestros relatos con elementos imaginarios o exagerados.
Las cartas contenían no sólo el texto, sino a veces fotocopias de otras cartas, invitaciones a fiestas o fotografías. Recientemente visité a mi primo y me enseñó mis cartas que aún conserva. No quise leerlas pues necesitaría demasiado tiempo y sería algo exhaustivo por toda la carga emocional que conllevan. Hojear las de él tampoco es cosa fácil. Sin embargo, aquí las guardo, igual que él las mías, como relatos autobiográficos de una época memorable.
Nota: Pepe es el culpable en
Inventario de mi cuarto 2.25 - El asesino fue mi primo.
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Inventario de mi cuarto 2.53 - Cartitas
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Wednesday, November 03, 2010

En Prepa, ni acababa de empezar a tener amigas cuando ya estaba recibiendo cartitas. Algunas eran tan irrelevantes como para decir “Hola, ¿cómo estás?” o cosas como “TQM, recuerda que soy TSA”. Muchas veces el caso no era el contenido sino la presentación, que entre más dobleces y colores tuviera, más enorgullecía a la remitente.
Sin embargo, muchas contenían fuertes chismes, información valiosa de unos y de otros, casi siempre de romances, de quién le gustaba a quién o quién le había pintado el cuerno a quién, cosas de ésas. Por carta me enteré, por ejemplo, de lo mucho que yo le gustaba a una niña de 1° de secundaria, llamada Montserrat. Su amiga Amanda era de mis mejores amigas y muy pronto empezó a informarme de ello.
En respuesta, le informé que desafortunadamente quien me gustaba de su generación era otra, de nombre Marisol, quien probablemente no sabía que yo existía. De tanta información transmitida por carta, todo el mundo se acababa enterando de todo, por lo que Montserrat supo que no me gustaba y que Marisol sí, lo que culminó en una carta por demás conmovedora —una de las que conservo— donde me reclamaba ese hecho. Si Marisol se enteró de todo esto, jamás lo sabré.
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Inventario de mi cuarto 2.52 - Bitacora de un adolescente
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Tuesday, November 02, 2010

En Enero de 1997, a mis 16 años, decidí hacer una crónica de mi creciente vida social en un calendario que compré. Lo colgué en mi pared y escribí en el cuadrito del 1° de Enero lo que había hecho para recibir el año y alguna otra cosa que hice en el día. Así seguí día a día, mes a mes, durante todo el año. Como no siempre me daba tiempo de escribir en el calendario, empecé a hacerlo en hojas de papel, en la escuela, con la idea de transcribirlo más tarde. Nunca transcribí, por lo que conservo tanto el calendario como las hojas donde están las crónicas completas de ese año.
Ahora que lo inventarío, me puse a releer y encontré que mis días eran repetitivos, irrelevantes y cargados de gran emoción. Mi vida empezaba a significar algo.
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Inventario de mi cuarto 2.51 - Lagrimas en el ring
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- Gon Curiel a.k.a. Groucho
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- Monday, November 01, 2010

Tania me gustó cuando empecé a integrarme en sociedad, como narré en
Inventario de mi cuarto 2.50 - Invitación a la popularidad. Iba dos generaciones abajo de la mía y era nueva en la escuela, lo que más o menos la equiparaba conmigo porque yo de alguna forma era nuevo también. Algunos de mis amigos andaban o salían con sus amigas, entonces me hice ilusiones. Sin embargo, pronto me enteré de que salía con alguien de otra escuela, lo que destruyó mis esperanzas. Fue mi primer desamor y lo sufrí como es debido: con un par de famosas malacopas.
Una de ellas ocurrió en una fiesta del Colegio Alemán, a donde fuimos como diez de mi escuela. Me emberrinché con el tema de Tania y después de acabarme una paloma, aventé el vaso de vidrio al suelo y se rompió en mil pedazos. Para calmarme, mis amigos me trajeron otra paloma: mala idea. El tequila iba en aumento en mi organismo, la tristeza crecía, las lágrimas fluían y mis ganas de romper vasos eran imperiosas.
Cuando rompí el tercero, los del Alemán empezaron a echarnos bronca. Se calentaron los ánimos y se juntaron como treinta de ellos. Ante la inminente paliza, tuvimos que huir. Yo no sabía ni qué estaba pasando, mis amigos me llevaron a la fuerza.
Salvados de milagro, pues todavía en coche nos persiguieron, pasé a la historia con este infame episodio que mis amigos llamaron “Lágrimas en el ring”.
Conservo e inventarío la invitación de la fiesta de 15 años de Tania, a quien, como suele suceder a esa edad, olvidé más pronto que tarde.
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Merde wrote at 11/30/2010 4:49:01 PM:
Mmm, ni a los talones cualquier comic de estos comparado con Mira y Mast... pregúntale a Paula.